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Despertar de la Consciencia y el Florecimiento del Corazón

La Libertad de Ser y la Libertad de Hacer: Cultivar el Camino Hacia la Verdadera Abundancia

Todos añoramos la libertad y nunca sentimos que tenemos suficiente. Incluso, si por diversos motivos, económicos, culturales y sociales tenemos el privilegio de tener más libertad que la gran mayoría de las personas en este mundo, aún así, sentimos que aún nos hace falta un poco más de libertad y que aún hay algo que nos oprime y limita, ya sean circunstancias externas o internas, como nuestra situación financiera o nuestras creencias o personalidad. 

Queremos libertad porque nuestra naturaleza fundamental es ilimitada, infinita y Kósmica. Y la falta de libertad nos duele porque es equivalente a perder contacto con nuestro verdadero ser. La falta de libertad es sentir que algo esencial de nuestro ser está prisionero. Vivir en una prisión es doloroso porque ser libre equivale a ser uno mismo. Vivir en prisión es no poder ser quién realmente uno es. 

Ser libre en el nivel psicológico significa dejar la tortura de imponerse un estándar que dicta cómo se debe ser. Cumplir rígidos estándares duele porque implica vivir en conflicto con lo que uno es, con cómo son nuestros verdaderos pensamientos, nuestros verdaderos sentimientos, nuestras verdaderas sensaciones e impulsos y emociones. Intentar obedecer un estándar nos mantiene en conflicto con todo lo que somos; nuestra personalidad, nuestro aspecto físico, nuestras relaciones, nuestro trabajo, etc. Debido a que siempre es posible creer que todo esto podría ser mejor, no podemos estar en paz con lo que es y perdemos la oportunidad de experimentar la mayor dicha de un ser vivo: Ser espontáneamente quién se es. Vivimos como robots con las tuercas demasiado apretadas y todo en nosotros pierde la gracia natural que poseen todas las cosas que no viven en conflicto consigo mismas: los bebés, las flores, el viento y las estrellas, sólo por poner algunos ejemplos. 


La Gran Confusión: La Obsesión Humana de Buscar Donde No se Encuentra


Sin duda, un aspecto muy importante de sentirse libre es tener libertad de hacer. Por ejemplo, tener la libertad de estudiar y trabajar en algo que nos haga felices, tener la libertad de tener unas vacaciones hermosas, la libertad de decir lo que necesito expresar, la libertad de satisfacer mis impulsos, la libertad de elegir mis propias decisiones. Está muy bien que busquemos este tipo de libertad y es parte de la salud mental y el desarrollo sano de una sociedad que los seres humanos tengamos una cantidad satisfactoria y razonable de este tipo de libertad. De hecho, las personas y los animales enferman y caen en la depresión (o desesperanza) cuando este tipo de libertad se ve severamente restringido. Lo mismo sucede con países enteros cuando hay condiciones sociales, económicas y políticas que resultan particularmente opresivas. 

Sin embargo, no importa cuánta libertad tengamos, siempre nos hace falta un poco más. y sin duda, necesitamos experimentar que somos completamente libres para sentirnos realizados, no podemos estar en paz con menos, y no es falta incapacidad de conformarse o baja tolerancia a la frustración lo que hay detrás de esto, es la necesidad de ser total y completamente quienes realmente somos.

Ahora bien, hay dos tipos de libertad: La libertad de hacer y la Libertad de Ser. Sólo la Libertad de Ser trae la paz y realización definitiva y, si bien la libertad de hacer es muy, pero muy importante, no es la más importante ni la más trascendental. Desafortunadamente, no conocemos la Libertad de Ser, de modo que vivimos la vida persiguiendo solamente la única libertad que conocemos, la libertad de hacer. No está mal, pero no es suficiente para sentirnos incondicionalmente libres. ¿Has notado que a pesar de que logres realizar tus deseos, la insatisfacción nunca termina? ¿Has notado que a pesar de todos los logros que puedas tener en tu vida, de todos los viajes, las vacaciones, los sueños cumplidos, los impulsos satisfechos, de todos modos aún sientes que no has llegado? Esto sucede porque esperamos que la libertad de hacer haga por nosotros lo que sólo la Libertad de Ser puede darnos.

Hoy en día una gran parte de la humanidad sufre de una búsqueda desenfrenada y suicida de libertad de hacer. Lo digo así porque insistir en una libertad de hacer ilimitada sólo nos conduce a la destrucción. Es una suerte de glotonería en la que intentamos tragar todo lo que encontramos a nuestro paso consumiendo todos los estímulos posibles, poniéndonos ansiosos si perdernos alguna experiencia que ha sido clasificada como imperdible. Y si nuestra vida no está a la altura de las expectativas, caemos en una crisis de identidad que nos lleva a creer que hay algo malo en nosotros porque no podemos hacer lo que deberíamos hacer o lo que quisiéramos hacer. 

Especialmente en los países más desarrollados hemos llegado a un punto de la historia en el que consideramos que ser capaces de hacer todo lo que nos dé la gana equivale a la realización y la felicidad. El problema es que esto no es posible porque en el ámbito del hacer siempre ha habido y siempre habrá límite a lo posible. Pensamos así: “Si me da la gana viajar, debería poder hacerlo, si me da la gana tener una relación sexual o cientos, debería poder hacerlo, si me da la gana comprarme algo, debería poder hacerlo, si me da la gana cumplir todos mis sueños, debería poder hacerlo… y si no lo estoy haciendo es porque hay algo erróneo en mi que debiera corregir o porque el gobierno o la estructura del universo o alguien más tiene la culpa.” 

Si nos culpamos a nosotros mismos, tarde o temprano acabamos castigándonos de alguna manera. Las formas más habituales y menos espantosas de autocastigarse son alimentar una cháchara mental interminable de auto recriminaciones, y las más terribles consisten en odiarnos tanto que aceptamos que otros nos hagan daño, nos humillen, nos abusen o cualquier forma de autosabotaje que nuestra creatividad más perversa pueda permitirse. Si en cambio, culpamos a otros lanzaremos nuestra violencia contra ellos, podremos salir a lanzarle piedras a alguien, intentar controlar a otros con nuestras críticas, romper relaciones, e incluso castigar a otros humillándolos, rechazándolos o abusando de ellos (casi sin consciencia de lo que hacemos en la mayoría de los casos). Básicamente, sentiremos que tenemos el derecho de destruir algo que está allá afuera o que tenemos derecho a destruirnos a nosotros. 

Otras variaciones de este patrón de autoagresión aparentemente menos golosas e impulsivas, en lugar de comenzar con “yo deseo”, comienzan con “yo debo”: “Yo debería ser capaz de amar a todo el mundo, yo debería ser capaz de tener sólo buenos sentimientos, sólo sentimientos hermosos, yo debería ser más hermoso, yo debería tener una mejor personalidad, o debería ser el más fuerte, etc.” Este es el rígido y autoritario sistema de creencias que todos cargamos y que nos obliga a ser o hacer algo diferente a lo que es natural o posible o deseable por nosotros y que la psicología analítica ha llamado super yo.

Se puede acabar con esta locura y la llave es la Libertad de Ser. Uso mayúsculas para “Libertad de Ser”, porque es un tipo de libertad mucho más fundamental, profunda y transformadora que la persecución ciega en la que caemos cuando sólo buscamos la libertad de hacer. Buscar la libertad de hacer sin tener acceso al mismo tiempo a la Libertad de Ser, nos degrada y acaba destruyendo nuestro verdadero potencial. Los seres humanos somos capaces de amar, experimentar compasión, trabajar por el bien común, disfrutar hasta el éxtasis más sublime, y crear cosas hermosas para el bien y el disfrute nuestro y de todos los seres sintientes. Pero nos volvemos incapaces de hacer eso cuando sólo buscamos la libertad de hacer sin conocer la Libertad de Ser. Sin ella, no podemos ser satisfactoriamente nosotros mismos y a esto a es a lo que me refiero con “degradación”. Vivimos siendo una versión incompleta de nosotros mismos, y no quiero decir una versión inferior, simplemente una versión incompleta, como una semilla que tiene el potencial para convertirse en un árbol y dar frutos, pero que permanece para siempre en estado de semilla. Vivimos muy por debajo de nuestra real capacidad.

Si hiciéramos una encuesta a todas las personas del mundo y les preguntáramos algo tan simple como: ¿Sientes que en este momento eres la versión semilla de ti mismo o eres un árbol dando hermosos frutos? ¿Si en este momento terminara tu vida, sientes que se ha cumplido tu propósito? ¿Cuántas horas al día sientes que eres un árbol frondoso y cuántas te sientes como una semilla, o peor, como una semilla podrida? Sospecho que la encuesta daría resultados bastante desalentadores. Esto es la pobreza y por esto veo que la Libertad de Ser es también la llave de la abundancia. 

Exploremos qué es la Libertad de Ser y cómo podemos conquistarla. 


La Libertad de Ser


A diferencia de la libertad de hacer, a la que accedemos cuando hacemos algo y sólo si ese algo que hacemos es suficientemente satisfactorio, la Libertad de Ser no requiere que se cumplan condiciones externas de ningún tipo. Experimentar la libertad de hacer está siempre condicionado al éxito o resultado de aquella acción que estamos realizando, mientras que la Libertad de Ser no requiere ningún resultado externo para ser experimentada. Esto es una muy buena noticia, porque quiere decir que en realidad ya tienes esta libertad ahora mismo, no hay nada, absolutamente nada que deba ser diferente a cómo es ahora en tu vida para que puedas experimentar la total y más absoluta Libertad de Ser. 

¿Pero porqué entonces no te sientes tan libre? El problema es que no puedes reconocer esta Libertad que ya tienes y, como no la puedes reconocer, no la puedes saborear. La pérdida de contacto con la libertad incondicional nos lleva a volvernos adictos a intentar hacer algo que nos permita sentirnos libres a través de resultados externos.

Para acceder a sentir el exquisito sabor de la Libertad de Ser lo único que se requiere es atestiguar el momento presente, sin evitar ni resistir ningún fenómeno que esté sucediendo en el ahora, en nuestra experiencia inmediata, en este preciso instante. Se trata de permitir que en este momento tus pensamientos sean tal cual como son en este momento, permitir que tus sensaciones sean tal cual como son en este momento, permitir que tus percepciones sean tal cual como son en este momento. Y lo mismo en el próximo momento que llega apenas este momento se desvanece. 

Ahora bien, “permitir” no es exactamente lo que debe suceder, es un poco más simple y más radical. El acto de intentar permitir algo que antes no estabas permitiendo ya es intentar hacer algo, es usar el método de la libertad de hacer para tener una experiencia diferente a la que tienes ahora. Esto no va a funcionar realmente. Se trata en realidad de reconocer que las cosas son como son en este momento presente y que ésta es la única posibilidad en este momento. Parafraseando; es reconocer que si tus pensamientos son ahora, en este instante, de algún modo en particular, entonces así es como son y no pueden ser de otro modo ahora. Es reconocer que si tus sensaciones son ahora, en este instante, de algún modo en particular, entonces así es como son y no pueden ser de otro modo ahora, y así sucesivamente con cualquier fenómeno que esté sucediendo en tu experiencia inmediata en este momento presente. 

Podemos llamar a esto meditar, pero yo prefiero llamarle no-meditación. La meditación consiste en realizar alguna técnica de concentración o respiración para entrar en un estado de consciencia en particular, es decir, para modificar algo en nuestra experiencia. En cambio, el reconocimiento se trata de observar lo que está pasando y simplemente constatar que eso es lo que está pasando. Es tan sencillo y natural que al describirlo llega a sonar absurdo. Pero no lo es, y es una de las principales llaves para transformar a un ser humano y a una sociedad por completo... Siempre y cuando se practique hasta que se vuelva algo tan natural como respirar. Quisiera ver el día en que los líderes de todas las naciones realicen esta práctica como prioridad por sobre todos los demás asuntos. Espero que suceda en algún punto antes de los próximos mil años. 

Como dije, el motivo por el cual nos lanzamos de forma enfermiza a buscar la libertad de hacer es que no podemos experimentar la Libertad de Ser. La búsqueda compulsiva de la libertad de hacer es un sustituto a la libertad incondicional, y nunca nos trae real satisfacción. Y precisamente, mientras más nos esforzamos por obtenerla, más la alejamos, lo cual nos lleva a frustrarnos y sufrir, y luego nos esforzarnos más todavía frustrándonos otra vez, y así, quedamos atrapados en este círculo vicioso de autotortura, adicción y violencia. 

Lo que realmente deseamos, aunque no lo sepamos, es experimentar la Libertad de Ser. Sin embargo, buscamos el sustituto esperando que éste nos dé la satisfacción incondicional. Por esto es que la mayoría de las personas vivimos con la sensación de que nunca hemos hecho lo suficiente. Ingenuamente, creemos que si hacemos todo lo que creemos que debemos hacer o si hacemos todo lo que deseamos hacer, nos sentiremos satisfechos. Esto no es verdad, porque la satisfacción que en realidad buscamos es la Libertad de Ser. Le pedimos peras al olmo, hasta que alcanzamos un punto de frustración tan grande con el olmo, que acabamos cortando su tronco con un hacha -y por cierto, el olmo somos nosotros mismos o quienes nos rodean-. Y aunque suena gracioso, no es nada gracioso vivir sufriendo y dañándonos de esta manera. Las consecuencias a nivel social de esta forma de funcionar son devastadoras. 

El elemento clave que hace que este patrón sea destructivo es que nos esforzamos a través de acciones externas o internas para modificar algún componente de nuestra experiencia inmediata en el presente. Es decir, hacemos algo porque no toleramos que algún aspecto de nuestra experiencia del ahora sea tal cual como es ahora. Queremos hacer algo para modificar nuestras emociones o pensamientos o percepciones. Esta es la contradicción fundamental que mantiene a nuestro ser atado en una prisión: La Libertad de Ser sólo puede ser saboreada si cada aspecto de nuestra experiencia presente es radicalmente aceptado tal cual como está apareciendo en cada instante. La mente sólo puede experimentar la Libertad de Ser cuando se le permite tener los pensamientos exactos que tiene en este instante. Nuestro cuerpo puede experimentar la Libertad de Ser sólo si le permitimos tener las sensaciones exactas que tiene en este momento. Podemos experimentar que el mundo a nuestro alrededor existe en total armonía sólo si permitimos que nuestros sentidos experimenten exactamente lo que ahora están experimentando y renunciamos por completo al deseo de que esto sea en el detalle más mínimo, diferente a como es ahora


El Origen del Mal


Ir en contra del ahora tal como es, es el origen del mal. Es la principal enfermedad de la cual derivan todas las demás. Y es, curiosamente, fruto de nuestra capacidad de usar nuestra libertad para ir en contra de nosotros mismos. Al parecer el libre albedrío sirve para escoger entre el bien -estar en unidad con la realidad tal cual es- y el mal -resistirse a aceptar la realidad tal cual es-. Es este mecanismo lo que se encuentra en el origen de los males aparentemente no tan malos ni perversos, como la ansiedad, la depresión, y toda clase de síntomas psicológicos que prácticamente todas las personas padecemos, como también está detrás de los males mayores y perversos, como la violencia, el abuso y toda clase de conductas altamente destructivas.

No quiero ofrecer una explicación reduccionista y decir que es la única causa, sólo estoy diciendo que es la principal, lo cual no resta importancia a las causas secundarias. Las causas secundarias no las abordaré en este artículo porque significaría hacer un análisis de la historia, la política, el clima, la economía, la cultura, el funcionamiento del cerebro, la química, la psicología, etc. Este análisis de las causas secundarias lo hemos hecho durante siglos, y está muy bien que así sea y es necesario que lo sigamos haciendo. Sin embargo, ganaríamos tiempo si cada persona de este mundo se tomara todos los días algunos minutos para comprender esta causa fundamental y trabajara sobre sí misma para descubrir la Libertad de Ser. Quizás eso nos ahorraría algunas vueltas, rodeos, accidentes, discusiones, esfuerzos estériles y posiblemente también algunas guerras.  

Como el mal pertenece al mundo de los opuestos, tiene dos direcciones posibles: es una acción destructiva que realizamos con la intención de dañarnos a nosotros mismos, o es una acción destructiva que realizamos con la intención de hacer daño a otros. De todos modos, a pesar que nuestra intención sea dañarnos a nosotros, esto finalmente siempre repercute en los demás y lo contrario es igualmente cierto, siempre que hacemos algo con la intención de dañar a otros, entonces esto, tarde o temprano también nos hace daño a nosotros. 

Por supuesto que para la mayoría de las personas todas estas acciones destructivas no tienen la intención consciente de destruir nada, sino la intención de salvarse de tener pensamientos, sensaciones o percepciones que no quieren experimentar, de modo que la intención destructiva no es en absoluto obvia y suele estar disfrazada de buenas intenciones. Este tipo de situación es el mal menor que las buenas personas ejecutan todos los días.

Daré un ejemplo de mal menor dirigido contra uno mismo y otro dirigido en contra de otra persona para que comprendamos mejor cómo funciona. Supongamos que cada vez que surge en ti ansiedad ante la posibilidad de no ser aceptado por los demás, pierdes contacto con tus propias necesidades. Un día, después de una larga semana de intenso trabajo, necesitas descansar, pero tu familia espera que animes y organices la celebración de cumpleaños de tu mamá. Naturalmente, como la necesidad de descanso apremia, te sentirás irritado con la presión de agradar a los demás, pero como tienes miedo de la desaprobación, rechazas tu propia irritación. Si prestaras atención a tu irritación podrías enterarte de qué es lo que realmente quieres y podrías descubrir que necesitas descansar y que a pesar de eso en realidad tampoco te quieres retirar de la celebración. Escuchando con amabilidad y respeto a tu irritación podrías encontrar una solución creativa como sentarte en silencio, escuchándolos a todos mientras descansas sin presiones ni auto exigencias de ser divertido y, si aún queda algo por organizar, podrías explicar tu necesidad y seguramente alguien podría reemplazarte en estas funciones. Pero te resistes a sentir tu irritación porque sientes ansiedad ante la posibilidad de no cumplir las expectativas de otros y este miedo te lleva a rechazar tu irritación y tu deseo de descansar, con lo cual consigues irritarte más. 

Este es el tipo de violencia menos obvio y más común que ejercemos contra nosotros mismos prácticamente 23 horas al día. Mientras más aguantas tu propia sobre exigencia, más irritación sientes y tu ansiedad crece y crece porque sientes que dentro de ti hay alguien muy malo y furioso que no debiera existir porque los demás podrían rechazarle. Así, entras en una lucha desesperada contra tu enojo y te creas un estrés absolutamente innecesario que sólo te hace daño a ti. Por supuesto, tu estado de sufrimiento tarde o temprano alcanzará a otros y podría ser que la siguiente vez que te llame tu familia para celebrar algo estés a la defensiva y hieras sus sentimientos. La verdad es que siempre que nos forzamos a aguantar, de alguna manera encontramos la forma de vengarnos -aún en contra de nuestra voluntad consciente de hacerlo-. 

Veamos ahora un ejemplo de mal menor dirigido contra otro y que también tiene su origen en resistir lo que estamos sintiendo. Continuemos con el ejemplo de esta misma persona que siente ansiedad ante la posibilidad de perder el amor de los otros. Debido a que esta persona siente que lo correcto es anteponer las necesidades de otros por sobre las propias, ha desarrollado un sistema de creencias que dice “las personas que atienden primero sus propias necesidades son malas personas y merecen un castigo”. Entonces esta persona se convierte en padre o madre. Y sus hijos, como todos los niños normales, no tienen la capacidad de anteponer las necesidades de sus padres a las suyas. Día a día se repite la clásica escena en donde esta persona está demasiado cansada después de un largo día de anteponer las necesidades de los otros por sobre las suyas. Ya son las nueve de la noche y sus hijos le demandan atención y cuidados, y se queja diciéndoles “son unos niños desconsiderados, deberían ser menos egoístas”. Así, estos niños crecen escuchando esta cantinela y acaban convencidos de que son malas personas porque tienen un egoísmo incorregible. Luego cuando son adultos, o bien, repiten el patrón de anteponer siempre las necesidades de otros por sobre las propias causándose a sí mismos cantidades de estrés innecesarias, o viven sintiendo culpa de no ser lo suficientemente generosos y encontrando formas sutiles o no tan sutiles de autocastigarse. Así hemos logrado dañar a otros dirigiendo la agresión y la violencia hacia afuera, ¡seguramente sin tener idea de que lo estábamos haciendo! A las personas que hacemos esto, suelo llamarles “buenas personas”, son las que hacen daño sin quererlo realmente.

¿Y cuál es la causa última de esto? La misma que en el primer ejemplo, la resistencia a sentir todas esas sensaciones y emociones desagradables que estamos experimentando en el presente. (El mecanismo a través del cual heredamos nuestros conflictos a nuestros hijos es un poco más complejo que esto, pero a pesar de la simplificación, el ejemplo sirve para nuestro propósito.)


Al mal mayor, en psicología se le llama perversión, que corresponde a ese tipo de mal que se hace a otros o a uno mismo con intención y plena consciencia del daño que se realiza. Un clásico ejemplo de mal mayor que se podría ejercer contra uno mismo es suicidarse, o cualquier otra forma menos radical de hacerse daño. Hay personas que se dan atracones de comida con la intención consciente de maltratarse y verse más horribles ante sus propios ojos y los de los demás, otros se golpean físicamente porque se odian, o se mutilan haciéndose cortes. Y, nuevamente, la causa última de estas conductas es resistirse a estar en contacto con la experiencia que ahora uno está teniendo. 

Es muy hermoso ver en una sesión de terapia cómo deseos de hacer cosas tan destructivas como éstas se desvanecen en tan sólo un par de minutos cuando la persona puede estar en contacto con eso que había estado evitando sentir. Quizás solo tenía terror a sentir su tristeza, su ira, su miedo o su vergüenza. ¡Y eso era todo!

Así como podemos causarnos males mayores a nosotros mismos, como llegar a suicidarnos, podemos dañar a otros. Matar a otro es lo mismo que suicidarse, sólo que el recipiente de la acción es otra persona. ¿Te habías dado cuenta que un suicidio es un asesinato? También hay quienes humillan a otros de forma consciente sintiendo gran placer cuando lo consiguen. Un bully es alguien que tiene terror de sentirse humillado, de modo que cada vez que hay cualquier amenaza de llegar a tener esa experiencia, busca a otra persona y la humilla para no estar en su lugar. También están los que roban, estafan, torturan y mienten con descaro. Y aquí el mecanismo fundamental es siempre el mismo, sólo que el terror de tener esas sensaciones o sentimientos prohibidos -y muy enterrados en el inconsciente en estos casos-, alcanza niveles de tal intensidad que la persona dice “si yo sintiera eso que no quiero sentir, voy a morir, de modo que será mejor matar a alguien con tal de preservar mi propia vida”. Si entendemos esto, no podemos sentir demasiado odio hacia quién hace el mal, ¿acaso tú no quieres preservar también tu propia vida? Quizás esta es la diferencia fundamental entre quién hace el mal a gran escala y quien sólo incurre en pequeños males; quién causa destrucción con intención tiene más terror de sentir en el ahora inmediato sus propias sensaciones. 

Y así, vemos en todas partes desgracias horribles que los mismos seres humanos provocamos con intención de realizarlas, desde grandes males a baja escala, como humillar a nuestros compañeros de curso, hasta males a gran escala, como encubrir robos, estafas, mentir públicamente a un país completo y lanzar bombas al país vecino, argumentando que lo hacemos por el bien de la humanidad sabiendo en algún lugar de nuestro ser que en realidad eso no es verdad. Esto es perversión y degradación en su máximo punto.

El origen del mal no está en la izquierda o la derecha política, no está en nuestros traumas de infancia o las vidas de nuestros ancestros que nos han heredado sus conflictos y enfermedades. El origen está en el uso de la libertad de hacer para evitar sentir y experimentar la realidad tal cual como es en nuestro ahora inmediato porque desconocemos que tenemos la alternativa de acceder Libertad de Ser. No es más que ignorancia espiritual. En este escenario quien toma el control de nuestra conducta es la peor versión de nosotros mismos. 


El Sabor de la Libertad de Ser


La Libertad de Ser es algo tan concreto como comer un pastel o tomar una ducha, pero es mejor que eso. Está lejos de ser algo abstracto y teórico y trae una satisfacción mucho más profunda y duradera que la realización de cualquier impulso, deseo o logro. Tiene sabor, y cuando acontece, todo tu cuerpo es profundamente afectado por la experiencia, se repara, descansa, se siente más vivo, y así el cuerpo puede servir a su mejor propósito, ser un vehículo para vivir buenas experiencias y expresar a través de la acción la esencia de quién eres. A nivel mental se produce silencio y quietud, todo se vuelve más claro, los pensamientos funcionan con orden, ya no hay cháchara mental destructiva y la mente puede funcionar para servir a su mejor propósito que es crear, comunicar y comprender. Tus percepciones se vuelven diáfanas, es como descorrer un velo que impedía que tu ojos vieran la luz, los colores son más brillantes, las formas más definidas, los sonidos más claros y agradables y así sirven a su máximo propósito que no es solamente ayudarte a orientarte para sobrevivir, sino sobretodo apreciar la belleza salvaje y abrumadora de estar vivo. 

Esta experiencia de claridad, vitalidad y conexión con la vida despierta los sentimientos o emociones de nivel superior, las que nos inspiran a crear abundancia: La gratitud de existir que nos lleva a sentir y percibir la abundancia que nos rodea, el sentimiento de sacralidad que se deriva de experimentar el éxtasis de estar vivo, el deseo de cuidar tu existencia y la de otros porque te resulta tan natural valorar todo porque aprecias su belleza, sacralidad y por lo tanto su valor, la inspiración para crear cosas hermosas porque la mezcla de gratitud, compasión y admiración despiertan al creador que todos somos. En este estado esas heridas que cargabas ya no están ahí. Y cuando tus heridas ya no están contigo, entonces recuperas el centro de tu Ser y te encuentras con tu verdadero núcleo que es Amor. Esta es la verdadera y más profunda versión de ti mismo. Al fin estás siendo tú mismo. ¡Esto es la Libertad de Ser! Si alguna vez has tenido una experiencia cercana a esto, seguramente recordarás que en ese momento sentías que al fin te habías encontrado, que tu verdadera identidad había estado sumergida bajo un velo de pensamientos tóxicos y sentimientos dolorosos que de pronto se desvanecieron y regresaste a tu hogar, a tu propio corazón radiante, calmo, cálido y feliz.

Cuando accedes a la Libertad de Ser este cambio drástico en tu percepción de la realidad tiene lugar debido a un fenómeno muy simple: en lugar de usar toda tu energía vital para luchar contra tu experiencia vital, toda tu energía vital fluye con Libertad y libre de conflicto. Todo tu cuerpo, mente y alma, que son un sistema eléctrico, dejan de funcionar en su mínimo y funcionan en su máximo. De pronto hay energía para que las funciones más complejas y los verdaderos dones que tenemos como seres humanos puedan funcionar. Al fin todo lo que siempre habías podido ser pero que no lograbas ser, funciona, porque hay la cantidad de energía suficiente para ello. Igual que el procesador de un ordenador que funciona por debajo de su capacidad y puede dañarse si la fuente de poder no tiene el amperaje suficiente, funcionar al mínimo de nuestro potencial debido a que nuestra energía vital está raptada por el conflicto en contra de nosotros mismos, no sólo impide que nuestros verdaderos dones florezcan, sino que nos hace daño a nivel colectivo e individual.

Cuando no estamos en contacto con la Libertad de Ser, sentimos un profundo malestar porque nuestra mente lucha contra sí misma para cambiar sus propios pensamientos, nuestros músculos luchan contra nuestras sensaciones y emociones para evitar sentirlas, nuestra atención está constantemente haciendo un esfuerzo para desviarse de las sensaciones que tenemos, y así sucesivamente. Toda la energía vital deja de fluir por su cauce natural, se vuelve enemiga de sí misma y esto daña todo el tejido de nuestro ser. 

El malestar generalizado que creamos al luchar contra nosotros mismos lo intentamos borrar ejerciendo la libertad de hacer de forma compulsiva y suicida. Esto es una adicción; experimento malestar y hago algo para distraer mi atención del malestar lo cual, en el largo plazo, crea más malestar, que a su vez evito a través de otras conductas de evitación, las cuales crean más malestar y así sucesivamente. Si, por ejemplo, ahora estoy sintiendo enojo y me resisto a estar contacto con él, podría decidir comer para no sentirlo, o pelear, o dormirme o ver televisión, o intentar dominar el mundo. Y no importa cuánto haga, nunca me sentiré satisfecho porque lo que realmente me hace sentir mal es carecer de Libertad para Ser. Y siempre las conductas evitativas que se derivan del ciclo de la adicción son violentas y destructivas. 

Los seres humanos tenemos dos formas de funcionar: modo destructivo o modo constructivo, no hay un término medio o una tercera posibilidad. Y cada persona es la única responsable de remediar esto, nadie puede arreglarlo desde fuera. El sabor de la adicción y la conducta destructiva es la incomodidad y el sufrimiento. El sabor de la Libertad de Ser es el éxtasis, la paz y la felicidad. Para describir esta experiencia en India usan el término “Ananda”, que quiere decir felicidad sin causa. En inglés la palabra que mejor funciona es “bliss”. No tenemos una tan buena en español. “Bliss” es una palabra que suena muy parecido a “bless”, que quiere decir bendición. De modo que es una felicidad en la que te sientes bendecido por existir y no por haber logrado un objetivo o por un suceso externo que te complace. ¡Bendición directa de simplemente Ser! ¡En el acto de Ser no existe el esfuerzo! Este sentimiento se origina, literalmente, en el flujo libre de toda tu energía vital o, para ser más preciso: Tu energía vital fluyendo de forma libre, ES felicidad sin causa. 


Conquistar la Libertad de Ser


No me cabe duda que en este punto ya estarás pensando que lograr esto es tan difícil que no vale la pena intentarlo. Yo no diría que es difícil, sino que requiere trabajo. Difícil es crear el diseño de una central de fusión nuclear, eso es muy difícil. Pero acceder a la Libertad de Ser es fácil, sólo que requiere trabajo. Y el trabajo que se requiere es extremadamente sencillo, sólo que hay que repetirlo miles de veces hasta que se vuelve tan natural como respirar. Tener esta firme determinación si es difícil, pero el trabajo es simple.

¿Qué hay que hacer entonces? Se trata de tomarse tiempo para permanecer durante algunos minutos en el reconocimiento de que lo que sucede ahora es tal como es ahora y que no puede ser de otro modo. Es tan sencillo que parece ridículo e innecesario para nuestra mente acostumbrada a hacer cosas extremadamente complejas. 

Hay diferentes formas de conseguirlo. La más difundida, y una de las más efectivas, es sentarse a observar la experiencia presente. No se trata de meditar exactamente al modo en que se suele enseñar la meditación, que consiste en concentrarse en la respiración o en un punto o en un mantra u otra cosa, es decir, practicar meditación suele consistir en hacer algo. Es simplemente sentarse a observar tu experiencia tal como es y constatar que así es como es. Es de mucha ayuda hacer esto mientras mantienes tu cuerpo completamente inmóvil porque de este modo es un poco más difícil caer en la tentación de hacer algo para modificar o luchar contra tus sensaciones. 

En algún punto, esta forma de contemplar tu propia experiencia se volverá un infierno. Si tienes poca práctica es probable que a los 15 minutos quieras salir huyendo. Es normal, llevas toda una vida entrenando para hacer algo en busca de libertad para evitar estar en contacto con tu experiencia del ahora. Aquí hacemos justo lo contrario, no hacemos, evitamos hacer algo para permitir que todo en nosotros pueda ser y hacer lo que espontáneamente hace. En lugar de hacer algo para que la mente haga lo que nosotros queremos, dejamos que la mente haga lo que quiera hacer. En lugar de hacer algo para que nuestras sensaciones sean de algún modo en particular, dejamos que sean como quieran ser, agradables o desagradables, da igual. Lo mismo con las emociones, las percepciones y absolutamente todo lo que ahora está sucediendo. Así, de este modo, cada parte de ti queda Libre para Ser tal cual es, esto disuelve el conflicto, la energía fluye libre y saboreas la Libertad de Ser. ¿Quién sufre durante este tipo de práctica? Esa parte de ti que ha creído que debe hacer lo que ella quiere para encontrar la Libertad, es la parte de ti que busca donde no hay nada porque escapa de lo que es -a esta parte yo le llamo ego-.

Este no es el único camino que conozco. También podemos establecer una relación con la Inteligencia Universal y pedirle que nos ayude a detener el hacer para que suceda el milagro de Ser. Hay muchas formas de lograr que la Inteligencia Universal nos responda y nos asista en nuestra tarea, pero este será tema de otro artículo, o mejor, de un próximo curso. Este camino es el más rápido y poderoso y, cuando lo combinamos con la contemplación que describí arriba, los avances llegan bastante rápido. 


La Necesidad Urgente de la Libertad de Ser


Pero más allá de las técnicas que nos puedan ayudar a cultivar la Libertad de Ser, creo que es más relevante hacer énfasis en la importancia de que los seres humanos conquistemos esta Libertad Incondicional. Cuando entendemos la importancia de algo, entonces las técnicas son un asunto secundario, cuando entendemos el objetivo entonces llegar es más sencillo. Más allá del cómo, es muy importante y necesario entender primero el qué. 

En relación a este asunto, creo que muy pocas personas saben que existe la Libertad de Ser y las que algo saben, tienen poca claridad al respecto. Casi nadie en este punto de la historia le da ninguna importancia al florecimiento del Ser, sólo nos importa el hacer. Cuando el hacer no está equilibrado con una conexión suficiente con el Ser, es inevitablemente un camino de descenso al infierno. 

¡Estamos intentando hacer lo mejor que podemos sin usar nuestra mejor herramienta! Es como pretender tocar una sinfonía de Mozart usando un violín desafinado y roto mientras tenemos un Stradivarius guardado en el desván. ¿Por qué alguien en su sano juicio haría eso? Por un motivo muy simple, porque sencillamente no sabe que tiene un Stradivarius llenándose de polvo en la oscuridad. 

Queremos mejorar nuestra situación económica usando una mente confundida y estresada por el miedo a la carencia. Queremos lograr tener una relación hermosa usando un corazón roto y pidiéndole a los otros que lo arreglen y gritamos, golpeamos o critićamos ácidamente cuando no pueden reparar lo que sólo nosotros podríamos reparar si supiéramos cómo encender la Libertad de Ser. Queremos mejorar nuestra situación política y nos enfadamos con todo el mundo, enviando oleadas de odio hacia todas las direcciones del universo en lugar de despertar nuestra capacidad de experimentar compasión y aprender cómo realizar acciones inspiradas por el espíritu kósmico que habita en nosotros y así inspirar a otros a hacer lo mismo. ¿Cómo vamos a mejorar algo con las peores herramientas de las que disponemos? ¿Cómo vamos a mejorar algo si nosotros mismos no sabemos cómo acceder a ese desván lleno de tesoros? ¿Cómo vamos a inspirar a otros para que hagan este trabajo si nosotros mismos no sabemos hacerlo? Un ciego no va a ayudar a otro ciego a ver.

Quiero destacar nuevamente una idea que ayuda a comprender la urgencia de emprender esta tarea. Sólo hay dos posibilidades, en cada instante del tejido del tiempo, o estamos en contacto con la Libertad de Ser y por lo tanto con lo mejor de nuestro potencial, o no lo estamos. Es una posibilidad binaria. Si estamos en contacto, entonces nuestras acciones son creativas, si no, entonces buscamos la libertad en el hacer de formas violentas y destructivas -lo sepamos o no-. O estás en un estado destructivo o en uno constructivo. Y la única persona que puede hacer algo para remediarlo eres tú, porque no hay nada en el universo ahí fuera que pueda hacer que de pronto dejes de estar en conflicto contigo mismo. Te invito a comenzar esta tarea para que las decisiones que determinan el futuro de nuestro hermoso planeta estén bajo el mando de lo mejor que cada ser humano tiene para ofrecer. Ojalá sea antes de los próximos mil años. Ojalá sea antes que dejemos este mundo y si no es así, que nuestros hijos o nietos lo puedan ver. 

Para tener abundancia necesitamos una mente clara, que pueda enfocarse en la creación de posibilidades, movida por el motor del amor y no el miedo a la escasez. Si queremos tener una hermosa relación de pareja necesitamos un corazón que pueda ofrecer luz y amor, en lugar de bastonazos cada vez que nuestras emociones o los sentimientos del otro no están a la altura de nuestras expectativas. Si queremos una sociedad hermosa, necesitamos una mente amplia y compasiva, capaz de pensar en niveles altísimos de complejidad y amorosidad kósmicas. De nada sirve quejarse y lanzar piedras, porque para construir necesitamos usar nuestras mejores herramientas en lugar de lanzar maldiciones. 

Cuando la Libertad de Ser despierta en ti, el hacer ya no funciona como una bestia hambrienta que quiere tragar furiosa más experiencias para llenarse. Cuando la Libertad de Ser despierta en ti, la búsqueda de libertad de hacer deja de funcionar como un dictador autoritario que arranca al alma su esencia sagrada. Cuando la Libertad de Ser se convierte en el estado natural de tu alma, la Libertad de Hacer cumple su verdadero propósito que es traer el Ser a la Tierra. Ser y hacer dejan de ser dos fuerzas en oposición y se convierten en los dos polos de la misma cosa. El hacer pasa a ser la danza sagrada que emana de la dicha y la Libertad de Ser. 


Yo, por mi parte, seguiré haciendo mi aporte, continuaré practicando y enseñando la Libertad de Ser a quién se anime. Seguiré disfrutando mi trabajo que poco a poco ha ido encontrando su verdadero propósito: ser la danza sagrada que celebra la Libertad de Ser. Le pido a Dios que un día todos los seres humanos tengan la dicha de trabajar cada día de su vida con este propósito. Eso sería real abundancia. ¿Te animas a trabajar también? 


Escribiendo Feliz en un Café de Puerto Varas, Chile. 

Febrero 2026. 


Si quieres entrar en un proceso para Cultivar la Libertad de Ser, te invito a participar de una práctica que mantendremos durante dos meses para practicar el Arte de Disolver el Sufrimiento para experimentar la Libertad de Ser, acceder a nuestro potencial y así enfrentar nuestra vida con lo mejor que tenemos para crear Abundancia. Si quieres participar, puedes registrarte pinchando el botón azul:





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