• Tomás de la Fuente

Florecer

Me gusta ver el crecimiento espiritual como un proceso de progresivo ablandamiento, un proceso en el que de a poco desarrollamos la confianza de permanecer en contacto con lo más suave y vulnerable de nosotros mismos. Y éste es un proceso tanto psicológico como corporal. No sólo nuestra mente se vuelve menos crítica y más silenciosa y espaciosa, sino que nuestro cuerpo, literalmente, aprende a estar más suelto y relajado.

En este ablandamiento tocamos nuestra vulnerabilidad y gradualmente pasamos de ser enemigos de nosotros mismos -el funcionamiento del ego es precisamente eso, una serie de juicios, prejuicios, violencia y miedo hacia nuestra parte vulnerable-, a sentir compasión hacia nosotros mismos. Y al despertar la capacidad de ser compasivos con nosotros mismos, despertamos la Capacidad de ser Compasivos, es decir, este aprendizaje se extiende a todas las áreas de la vida. Y así comenzamos a ser sensibles a la vulnerabilidad de otros, de los animales, de la vida en general. Y podemos ver a través de todas las diferencias que tenemos con otros eso que nos une, la belleza y la delicadeza de la vida que late en todos nosotros… y digo todos, desde las rocas, a los animales, a los seres humanos y a las estrellas. Y miramos con el corazón vivo y sensible a todo lo que nos rodea.

Este ablandamiento no nos debilita, por el contrario, nos vuelve cada vez más valientes y fuertes. Porque al ablandarnos comenzamos a descubrir y, sobre todo a sentir en nuestra propia piel, cómo el universo y toda la naturaleza está llena de una presencia amable que nos nutre. Si, ¡nos nutre!… cuando nuestra coraza se ablanda, entonces comienza a entrar el amor a nuestro cuerpo, a través de nuestra respiración, nuestras emociones y pensamientos. Es como recuperar a nuestra madre cuando fuimos bebés, volvemos a casa, a nuestra configuración original. Nos nutrimos de amor y nos fortalecemos. Fortaleza que va de la mano con la suavidad. No la fuerza bruta y violenta que hemos confundido con consecuencias tan tristes para todos en nuestra cultura guerrera y patriarcal. Y esta fuerza y valentía que va de la mano con lo blando despierta nuestras capacidades más poderosas, despierta nuestra inteligencia más profunda. Desarrollar nuestra inteligencia también nos hace más fuertes.

Y es por esto que cuando se habla de crecimiento espiritual se usan palabras como “florecimiento”, “despertar”, “Transformación”, “Muerte y Renacimiento”. Porque el despertar espiritual es un ablandamiento que no sólo te cambia psicológicamente, sino corporalmente. Tu cuerpo, en el nivel más profundo se transforma. Secreta nuevas sustancias, hormonas, neurotransmisores, se regula el funcionamiento de cada una de tus neuronas, tus órganos estresados descansan de la violencia que el ego imponía con su dureza… y entonces la fragancia de la Consciencia de Unidad se regala al mundo y a ti mism@ con tu presencia. Un cuerpo relajado y sin estrés a través del cual fluye el amor, ¡literalmente huele bien!

Todos tenemos la posibilidad de este florecimiento, porque todos somos parte del mismo universo que está construido de la misma sustancia milagrosa.


Tomás de la Fuente

Terapeuta Gestáltico

Músico

#ideasquesanan, Creando Consciencia y Cultura Terapéutica para la Humanidad


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