• Tomás de la Fuente

¿Existe la Fuente de la Felicidad Eterna?


¿Dónde está la fuente de la felicidad?

¿Dónde está el cáliz sagrado y la fuente de la eterna juventud?

¿Dónde está la fuente de la magia capaz de traer el cielo a la tierra?

¿Acaso existe?


Todos los místicos concuerdan en lo mismo: Existe.


El problema es que no parece gran cosa al principio. Está frente a nuestras narices, tan cerca de nosotros que no podemos verla porque estamos hechos de su misma sustancia. Hay cosas más llamativas que atraen nuestro interés durante toda la vida y así, no escuchamos su suave susurro en el centro de nuestro corazón llamándonos de vuelta a casa como un amante tierno y apasionado que anhela el encuentro profundo.


La fuente no se anuncia con colores y música en campañas de marketing que nos hacen ir felices y llenos de ilusión al shopping de compras para agradar a nuestro niño interno deseoso de regalos que calmen su ansiedad porque ha perdido de vista la única cosa que podría llenar su alma.

Y es que no tiene colores.

No está a la venta para deleitar nuestro deseo de importancia al usar el dinero que hincha nuestra autoimagen.

Y es que es gratuita y para todos.

A veces, como fantasmas hambrientos, esperamos arrancársela a otra persona que por casualidad estaba junto a nosotros, gritándole y mordiéndola con nuestro resentimiento porque no nos la quiere dar. Y es que no se puede dar, porque está en todas las cosas y en todos los lugares. En ocasiones, sintiendo en nuestro cuerpo la falta de la sustancia milagrosa, creemos que ésta ha quedado atrapada en los ojos de otras personas y hacemos espectáculos - alardes de inteligencia o generosidad, humor o sexappeal- para atraer las miradas con la triste esperanza de extraer, de esos ojos que nos miran, el néctar que anhelamos para llenar nuestras células pálidas y cansadas. Acabamos desilusionados porque la fuente no es una sustancia que desde afuera pueda incorporarse. Siempre ha estado dentro y fuera pero como los ojos no la pueden ver, nunca se dan por satisfechos.


No importa si la buscamos usando el disfraz de fantasmas hambrientos, dioses grandiosos, guerreros implacables, mendigos frágiles, bufones, amantes, empresarios, niños adorables, imponentes adversarios o grandes amigos y amantes. no encontramos nada, precisamente porque buscamos. El asunto es que no tiene caso seguir buscando lo que ya tienes, lo que eres.

Pero como dije al comienzo, la búsqueda no se detiene porque esta fuente carece de todo atractivo. A nuestra mirada hambrienta no le vale más que un guijarro en medio de un camino perdido que no conduce a ningún lugar. Por eso seguimos buscando, porque nuestro propio hambre nos parece más interesante y colorido y le da impulso a nuestro cuerpo para seguir su camino cansado.


¿Cómo reconocerla?

¿Es posible hacer suceder la alquimia cósmica que nos muestre que nunca hemos estado vacíos y desprovistos del néctar milagroso?


Los místicos, nuevamente, concuerdan en lo mismo: Se puede.


Habría que interesarse en lo menos interesante. Habría que dejar de intentar mirar a algún lugar, dejar de esperar algo, renunciar a llenar el vacío que nos quema las entrañas, renunciar a intentar arreglar o mejorar cualquier cosa en nuestras vidas y por un momento, detenerse.


Eso es todo, detenerse.


Lo que sucede cuando te detienes es que te relajas. Cuando te relajas, te liberas de todo afán y entonces puedes ver lo que hay. Y lo que hay es tu propio ver. Estás tú, viendo, estás aquí y ahora, siendo.

Nuevamente tengo que decirlo, esto nos parece que no es nada, un guijarro sin valor en un mundo lleno de cosas más importantes -sobre todo aquellas que le dan historias para contar al personaje con el cual nos hemos disfrazado-. Sin embargo, si permaneces un poco más de tiempo sin buscar, reposando en este vacío ilógico y simple, verás cómo poco a poco comienza a revelarse como silencio.

Y luego el silencio aparece como paz y la paz da lugar al bienestar, el bienestar a una suerte de placer. Este placer simple es un contento suave que despierta la confianza de que todo está bien, la confianza básica da paso a un sentimiento de generosidad hacia todas las cosas que se revela poco a poco como un amor abierto hacia todas las direcciones, un abrazo cósmico que te abraza desde dentro y fuera de ti mismo… un abrazo cósmico que eres tú mismo abrazándote y siendo abrazado al mismo tiempo.


Y entonces, cuando la esencia de esta fuente impacta en tu cuerpo, la glándula pineal secreta sus sustancias secretas y milagrosas -éste es el néctar del cáliz sagrado- que transforman tu cuerpo, rejuveneciéndolo, dándole un nuevo nacimiento, recordándote que eres hijo del amor, recordándote que tu mismo eres el amor, el hijo, el padre la madre y el universo entero que amas y que te ama.


Tomás de la Fuente Terapeuta Gestáltico Meditador Músico

#ideasquesanan, Creando Consciencia y Cultura Terapéutica para la Humanidad

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