• Tomás de la Fuente H.

Como expresarse para expresarse


No es Posible Existir sin Coexistir

Uno podría decir que expresarse es simplemente decir algo, y esto es cierto pero no suficiente para vivir bien. Por esto he puesto en el título dos veces “expresarse” aludiendo a que existen al menos dos tipos muy distintos de formas de expresarse. La mayor parte de los problemas de comunicación que tenemos las personas se deben en gran medida a dos cosas; no sabemos escuchar o nos expresamos muy pobremente. Cuando alguna de estas calamidades ocurre, la posibilidad de que exista empatía entre dos o más personas se ve seriamente dificultada y entonces ocurre lo inevitable, nadie ve más que sus propios puntos de vista y sentimientos y la historia de la Torre de Babel vuelve a repetirse una vez más. Todos pierden.

¿Todos pierden? Los seres humanos, del mismo modo en que lo hacen todas las cosas del universo, existimos en y gracias a que estamos insertos de un sistema de múltiples relaciones. Pensemos en el cuerpo humano, es un sistema en donde todos sus elementos se conectan entre sí por diversas formas de comunicación o interacción. Sabemos que el corazón para latir necesita del oxígeno que absorben los pulmones y que luego la sangre lleva hasta él gracias a sus propios latidos más el trabajo que realizan las arterias, y es igualmente cierto que los pulmones necesitan de los latidos del corazón para poder recibir la sangre y tener la energía suficiente para hacer su trabajo. Y más, el corazón no podría latir si los órganos de los sentidos no hicieran bien su trabajo, ya que no podríamos orientarnos en nuestro medio ambiente para obtener los alimentos que serán digeridos y transformados en energía para que el corazón siga vivo.

Cuando comprendemos el cuerpo humano de este modo, se vuelve evidente que todos necesitan coordinarse bien con todos, todos necesitan de todos. Lo que permite que el sistema funcione de modo coordinado son las relaciones y las comunicaciones que se establecen entre todas las partes; mientras mejor sea la comunicación, mejor para todos. Cuando estas redes de comunicación fallan, sabemos que se producen enfermedades.

Así como el cuerpo humano es un sistema, los grupos humanos también lo son y están sujetos a las mismas leyes que todos los demás sistemas. Intercambiamos información con otros seres humanos y establecemos relaciones de coexistencia. No sería posible que tú estuvieses leyendo este texto si nadie hubiese trabajado para producir papel y si mis padres no se hubiesen ocupado de que yo fuese a la universidad a estudiar –y muchas, muchísimas otras cosas más están sucediendo de modo que sea posible que leas.- Y no sólo necesitas de otras personas para poder leer sino también de la gran cantidad de vegetales que hay sobre el planeta que limpian el aire y lo vuelven respirable… en fin, un infinito etc. En síntesis, somos parte de un sistema y para que un sistema funcione bien, la interacción entre sus partes requiere de una comunicación adecuada y bien coordinada.

Cuando este proceso falla a nivel biológico encontramos enfermedades de todo tipo y, cuando este proceso no funciona bien entre las personas, encontramos sufrimientos de todo tipo; Culpa, resentimiento, miedo, tristeza, soledad, angustia, frustración, desesperanza, ansiedad, tensiones musculares, dolores de cabeza, etc. Es curioso que siendo tan evidente la interacción recíproca entre todas las cosas del universo, los seres humanos acostumbremos a funcionar de acuerdo a la siguiente actitud; “el problema aquí es que a mí no me comprenden y si me comprendieran a mí, todo se resolvería del mejor modo”. Esto equivaldría a lo mismo que el corazón dijese “en realidad, no es importante lo que los ojos están viendo, lo único que importa es que esos pulmones se dignen de una vez a respirar para traerme oxígeno, así se resolvería todo”. Esta actitud, lamentablemente la mayor parte de las veces, suele estar disfrazada de muy buenas intenciones y con mucha frecuencia no tenemos ninguna consciencia de ella; creemos que somos de un modo y actuamos de otro. Sabemos que una actitud como ésta sería fatal para la salud del cuerpo si de pronto cada uno de nuestros órganos la adoptara. Quiero dar un ejemplo para que se vuelva muy claro cómo esta actitud es nociva para los seres humanos.

Un ejemplo de Comunicación Tóxica

Supongamos que ella, después de un largo día de trabajo, se dirige a su hogar en donde sabe que está su pareja. Ella espera ser recibida con una sonrisa y un abrazo que la alivie de algunos de los malos ratos que pasó con algunas personas en el trabajo y va ilusionada. El, por su parte, ha tenido un día extenuante y se encuentra echado sobre un sillón viendo televisión. Cuando ella abre la puerta, él se alegra de verla, sin embargo debido a su cansancio y al rato que llevaba viendo televisión, la expresión de su cara deja mucho que desear. Hasta aquí, no tendría porqué suceder ningún conflicto si ambos integrantes de la pareja supieran cómo expresarse. Pero vamos a imaginar que no saben.

Ella, al ver la cara de él, hace una suposición de lo que está sucediendo. Siempre hacemos suposiciones acerca de lo que al otro le ocurre, es la única forma de poder comprender y coordinarse con el otro. Desgraciadamente no todos hemos desarrollado la telepatía y con demasiada frecuencia hacemos suposiciones muy erradas acerca del otro. Tenemos nuestro propio esquema para interpretar a los demás, el cual se basa en todas las experiencias anteriores que hemos tenido. Tenemos nuestro “disco duro” lleno con lo que hemos aprendido en el pasado y es con esos antecedentes con los que llenamos los vacíos que no comprendemos.

Entonces ella, que tenía un padre muy frío y egoísta que siempre veía televisión y la hacía sentir invisible y poco importante, supone en primer lugar, que él tiene esa cara porque le es totalmente indiferente que ella haya llegado a la casa y que mucho menos le importa que ella viniese llena de ilusiones a encontrarse con él. Inmediatamente, a raíz de esta suposición, ella se siente herida y se defiende del siguiente modo.

  • Cambia la cara.

El no sabe realmente qué es lo que le sucede a ella. Sólo alcanza a darse cuenta que ella está molesta por algún motivo y que le pide que cambie su expresión facial. Supongamos que él tuvo una madre que tenía su autoestima baja y que si sus hijos no estaban todo el tiempo felices y sonrientes, comenzaba a recriminarse a sí misma y sentirse culpable por ser una mala madre. Para que su madre no sufriese, él debía estar todo el tiempo sonriente. Además, con frecuencia su madre se volvía controladora y les exigía a todos que estuviesen felices, de lo contrario se enojaba y manipulaba de diversos modos ante lo cual él se sentía invadido, culpable y sin la posibilidad de relajarse ni permitirse sentir tranquilamente sus propios sentimientos. Entonces él, molesto porque su mujer no comprende que él necesita descansar y sintiéndose presionado por ella, le responde también defensivamente:

  • Yo pongo la cara que quiero.

Después de este brevísimo diálogo, es fácil imaginar lo mal que pueden pasarlo estas dos personas. El diálogo podría continuar del siguiente modo:

  • No sé porqué me casé contigo, no tienes sentimientos.

  • Eres una exagerada, siempre estás haciéndome escándalos, ¿es que acaso no puedes estar un momento en paz sin estar exigiéndome algo?

  • Eres un egoísta, siempre muy cómodo ahí, no haces ningún esfuerzo por mí ni por nadie.

  • ¿Cómo que no hago ningún esfuerzo? ¿Acaso no te das cuenta de todo lo que te he dado?

  • Todo se resolvería si fueses un poco más generoso conmigo.

  • Generoso… si he dado mi vida por ti, ¡me casé contigo! Hasta cuándo insistes, eres una insaciable, todo se resolvería si tú te dieras cuenta de todo lo que te he dado.

Es fácil darse cuenta que esta conversación, tan grata por lo demás, puede continuar durante un buen rato sin llegar a ningún lado y ambos integrantes del sistema se sentirán mal; ninguno dio al otro nada que fuera bueno, ambos contribuyeron a destruir un poco esta relación. Dado que esta relación es importante y necesaria para ambos, todos pierden.

¿Y qué fue lo que hizo tan difíciles las cosas? Ambos fueron incapaces de ponerse en el lugar de su pareja, peor aún, hicieron suposiciones erradas acerca de los motivos de la conducta y la palabras del otro y actuaron de tal modo que alimentaron sus ataques y maniobras defensivas.

Empatía en Todas las Direcciones

La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro. Para que la empatía suceda, es necesario que podamos hacer las suposiciones correctas. Solemos pensar que es una actitud muy buena y deseable porque hace sentir bien a los demás. La consideración que se suele tener por ella no alcanza a ser más que un imperativo ético al cual no le prestamos atención. “Si, si sé que tengo que ser bueno… ¿y qué? ¿Me sirve de algo?”.

La empatía no es importante sólo porque hace sentir bien a otros y es educado usarla, la empatía es importante porque en primer lugar ¡Nos puede hacer sentir bien a nosotros mismos! ¡Cuántas veces nos quejamos de infelicidad en nuestras relaciones y no sabemos que no sabemos ser empáticos! Ya que somos partes de los sistemas humanos en los que participamos, la empatía es el modo en que podemos generar bienestar en otros y, dado que todo lo que ocurra entre las partes de un sistema afecta a todas las demás, ser empáticos tiene un efecto inmediato sobre nosotros mismos. ¿Queremos ser más felices? ¿Sentirnos más tranquilos, cono menos ansiedad, culpa, resentimiento, dolores de cabeza y toda clase de síntomas desagradables? Habría que desarrollar la capacidad de ser empático.

Aquí alguien podrá decir “Yo podría esforzarme mucho por ser empático pero si los demás no cambian… peor todavía para mí”. Es verdad, no basta sólo con que uno se ponga en el lugar de los demás. La buena comunicación necesariamente implica que dos personas se entiendan y comprendan mutuamente: Expresarse bien implica saber ponerse en el lugar de los demás y saber hacer que los demás sean empáticos con uno mismo. Es necesario evitar que otros hagan suposiciones equivocadas acerca de lo que sucede dentro de nosotros mismos.

Podemos ver las conductas de los demás, sus acciones, sus expresiones no verbales, escuchar sus palabras, pero es imposible ver de modo directo qué es lo que motiva sus conductas, no es posible ver los pensamientos ni los sentimientos de las personas, sólo podemos suponerlos. Si al expresarnos mostrásemos de modo explícito aquello que el otro no puede ver, ayudaríamos bastante. A continuación doy el mismo ejemplo que antes, pero imaginando que ambos integrantes de la pareja saben hacer esto.

Ella llega cansada a su casa y espera que él la alivie de su difícil día. Al ver su cara, su primera reacción es sentirse ofendida ya que tiende a suponer –por costumbre y el aprendizaje de años- que la cara de él se debe a que es indiferente con ella. Entonces, en vez de decir “cambia la cara”, dice:

  • Hoy ha sido un día muy difícil para mí. Me siento frustrada y dolida por un problema que tuve con alguien en el trabajo. Me gustaría descansar un rato en tus brazos, me haría bien. Pero al ver tu cara, no puedo evitar suponer que tú no tienes interés en eso, incluso pienso que no te importa que yo haya llegado y eso me hace sentir un poco ansiosa. ¿Te importa que yo esté aquí?

  • Si… te estaba esperando para que comiéramos juntos. Tengo esta cara porque yo también estoy muy cansado, pero me siento contento de verte… me siento un poco presionado al escuchar que mi cara te hace sentir mal.

  • No, no quiero presionarte ni molestarte, sólo quiero un abrazo… en realidad al saber que me estabas esperando para comer me siento aliviada, no es indiferencia de tu parte, ya entiendo… Tú sabes que a mí me afectan mucho las expresiones en las caras de las personas. ¿Me das un abrazo?

  • Si, claro.

En el primer ejemplo, estas dos personas, en vez de expresarse mostrando su mundo interno, simplemente defendieron. En cambio ahora podemos verlos expresándose; dicen lo que sienten, lo que piensan y piden con claridad lo que necesitan. Como el artista que pone fuera de sí lo que tiene dentro, ellos se muestran a sí mismos. El modo en que la mujer se ha expresado ha ayudado a que él sea empático con ella. Ella le ha dado información suficiente como para que él no haga suposiciones incorrectas. Por otro lado, la forma en que ella se ha expresado –sin ser defensiva u ofensiva- ha invitado a que su pareja haga lo mismo, que pueda ser transparente y mostrarle a ella lo que realmente le pasa, con la afortunada consecuencia de evitarse ella misma el hacer suposiciones incorrectas acerca de él.

Expresarse del modo en que lo han hecho estas dos personas requiere de cierto aprendizaje, no estamos naturalmente programados para comunicarnos así.

Sentir, Pensar y Percibir son Cosas Distintas

Para expresarse de este modo es necesario desarrollar la capacidad de diferenciar con mucha claridad y precisión tres ámbitos diferentes: lo que pensamos, lo que sentimos y lo que percibimos a través de nuestros sentidos. Para delimitar cada uno de los tres ámbitos, diremos que los seres humanos tenemos una zona interna, una zona intermedia y una zona externa[1].

En la zona externa se encuentra todo aquello que podemos percibir a través de nuestros cinco sentidos; lo que podemos ver, oler, gustar, olfatear y tocar. En la zona interna, está todo aquello que podemos percibir de forma directa “dentro” de nosotros mismos. Es decir, todas nuestras sensaciones corporales, lo que incluye a todas nuestras emociones y sentimientos[2]. Y por último, en la zona intermedia estarían todos aquellos procesos cognitivos superiores entre los cuales se incluyen los recuerdos, las imágenes, intenciones, los pensamientos, interpretaciones, juicios, visiones de mundo, etc.

Para poder existir en el mundo, estamos constantemente recurriendo a estos tres ámbitos de nuestra experiencia. Supongamos que aparece una sensación corporal como la sed. Si me doy cuenta de mi sensación es posible que piense “tengo sed, quiero tomar agua”. Luego podría ser que yo perciba que hay un vaso vacío a mi lado. Entonces me imaginaré a mi mismo tomando el vaso, llenándolo de agua y finalmente bebiendo el agua. Después de eso es posible que me ponga de pie y realice esa acción. Mientras bebo el agua la sentiré en mis labios al tiempo que juzgo si me gusta o no mientras recuerdo otras veces en que he tomado agua y comparo la sensación actual con el recuerdo de otras sensaciones de tomar agua que he tenido antes.

Zona Interna: Sensaciones corporales; sensaciones físicas, emociones, sentimientos, etc.

Zona Intermedia: Procesos Cognitivos Superiores: Recuerdos, Imágenes, intenciones, interpretaciones, juicios, pensamientos, visiones de mundo, etc.

Zona Externa: Percepciones directas que vienen desde los cinco sentidos: olfato, gusto, vista, oído, tacto.

Cuando llevamos nuestra atención a nuestra zona interna o externa, nos encontramos con percepciones directas que suceden en el presente, aquí y ahora. Por así decir, son “cosas” que podemos “tocar”, son experiencias muy tangibles que no están sujetas a interpretación. Diremos simplemente que las cosas que percibimos así son obvias. Si tenemos un nudo de tristeza en la garganta, nos resulta una obviedad que lo estamos sintiendo, no importa con qué palabra denominemos esa sensación, le podemos llamar “nudo”, “tensión”, “angustia”, sin embargo la sensación está ahí y la percibimos. Tiene el sello de lo obvio. Lo mismo sucede si nuestra percepción se dirige hacia la zona externa, si veo el cielo, es una obviedad que hay algo que mis ojos están percibiendo. No importa qué palabra utilice para denominar esa percepción.

Cuando llevamos nuestra atención a nuestra zona interna, encontramos nuestras ideas acerca del mundo, de los demás y de nosotros mismos. Además, encontramos muchas ideas que se refieren al pasado o al futuro, a nuestros recuerdos y a lo que podemos imaginar que será. En rigor, el pasado y el futuro no existen más que en nuestra imaginación. Sin embargo, vivimos dando por sentado que nuestras ideas acerca del pasado y el futuro nos informan acerca de algo real, cuando en realidad sólo están en nuestra imaginación. No es posible percibir con ninguno de nuestros sentidos ni el pasado ni el futuro, pero de modo implícito nos parecen muy reales. No sólo hacemos esto con este tipo de ideas, sino también con nuestras interpretaciones y juicios acerca de la realidad. Solemos confundir nuestras opiniones y juicios acerca de las cosas con nuestras percepciones. Si bien es cierto que podemos darnos cuenta de nuestro propio pensamiento y por así decir “es obvio que ahora pienso porque me estoy dando cuenta de eso, del mismo modo en que me doy cuenta que ahí está el cielo”, no podemos decir lo mismo respecto del contenido de mis pensamientos. El contenido de los pensamientos no es obvio, son siempre interpretaciones respecto de la realidad. Por lo tanto, diremos que aquello que percibimos en la zona interna y externa son obviedades, mientras que aquello a lo que se refieren mis pensamientos siempre son interpretaciones y suposiciones, las cuales pueden ajustarse más o menos a la realidad, pero que nunca son la realidad.

Si decimos “yo sé qué es lo que es un árbol”, en realidad, todo lo que en realidad estamos diciendo es “en mi imaginación tengo una idea acerca de cómo son los árboles y la considero verdadera”. No hay duda de que el concepto lo conocemos, sin embargo la mayoría de las veces desconocemos el hecho de que un árbol real –es decir, el acto de percibir con nuestros sentidos un árbol- tiene muy poca similitud con el concepto de éste. Para que se comprenda realmente lo que quiero decir, sugiero al lector que piense durante un rato en un árbol y que luego vaya y toque, huela y mire y escuche un árbol al menos durante unos 10 o 15 minutos. Así descubrirá que la diferencia que existe entre percibir de modo directo algo y suponerlo son cosas completamente distintas. Es más, si después de conocer al árbol ésa persona afirma “ahora si sé lo que es un árbol”, en realidad no puede estar afirmando otra cosa que “ahora tengo un recuerdo de lo que es un árbol, el cual considero verdadero y ajustado a la experiencia de lo que es un árbol”. Si esta persona vuelve a ir al árbol a experimentarlo con sus sentidos descubrirá nuevamente que el recuerdo de la experiencia anterior con el árbol no se repite, que nuevamente el árbol no calza con la idea que se había hecho de él. Sin embargo, confundimos constantemente ambas zonas y creemos que sabemos algo acerca de las cosas y de las personas en base a las ideas que tenemos de éstas.

Lo mismo que ocurre en relación a la zona intermedia y externa, sucede entre la zona interna e intermedia. Es decir, podemos creer que sabemos, por ejemplo, lo que es un sentimiento, pero una cosa muy distinta es sentirlo y percibirlo de modo directo. Sobretodo es con nuestros sentimientos donde hay más dificultades para percibir lo que realmente sucede. La mayoría de las veces no estamos en contacto con lo que sentimos, sino con lo que creemos que sentimos o con los juicios que tenemos respecto de nuestros sentimientos.

Por ejemplo, supongamos que alguien ha muerto y sentimos una profunda tristeza, pero que sin embargo, no queremos[3] estar tan tristes. Lo más probable es que experimentemos esa sensación corporal como algo desagradable y digamos “estoy mal porque estoy triste”. Lo que sucede aquí es que en vez de sentir tristeza, estamos más en contacto con nuestra idea de que estar triste es algo malo, y entonces es muy probable que nos irritemos con el sentimiento. Debido a los juicios que hacemos a nuestra experiencia interna, somos incapaces de percibirla de forma directa y en consecuencia, estamos más en contacto con nuestros juicios sobre ella. Es como si por creer que conocemos un árbol, nos negáramos todo el tiempo a ir y tocarlo-de esto modo nos mantenemos muy ignorantes respecto a lo que es un árobl-. En este punto invito al mismo experimento que con el árbol. Si alguna vez te encuentras confundido/a respecto a lo que sientes, sugiero no intentar comprender ni pensar nada al respecto, simplemente siente tu sentimiento… siente su “sabor”, su “textura”, su “olor”, eso que está ahí en el cuerpo.

Muchas veces cuando estamos tristes tenemos la idea de que eso es un problema, cuando en realidad estar triste no es un problema, estar triste es una experiencia más, una sensación corporal, ni buena ni mala, sólo una sensación. Al enjuiciar nuestras experiencias internas, lo que ocurre es que en vez de ponerle atención a ellas, nuestra atención se queda en la zona intermedia y así, imaginamos cómo son las cosas en vez de ver cómo son.

A veces, sabemos que algo nos pasa porque “algo” sucede en nuestro cuerpo, sentimos tensión de alguna índole, algo sucede en nuestro cuerpo, pero no logramos saber qué es lo que nos pasa. En vez de poner atención a nuestra zona interna y percibirla de modo directo en el aquí y ahora, mantenemos la atención en la zona intermedia y hacemos relaciones, interpretaciones, sacamos conclusiones o intentamos deducir qué es lo que nos pasa, pensamos sobre lo que sentimos en vez de simplemente sentir y permanecer en contacto con nuestra zona interna hasta que se agudice lo suficiente la percepción para saber qué es lo que sucede.

Del mismo modo en que no es posible conocer un árbol si no lo percibo con mis cinco sentidos, es igualmente imposible conocer mis sentimientos si no los siento. Estamos tan acostumbrados a pensar y enjuiciar nuestros sentimientos que finalmente terminamos muy confundidos respecto a nosotros mismos.[4]

Las Tres Zonas, la Empatía y Cómo Expresarse

Expresarse bien es facilitar que los otros se pongan en mi lugar y comprendan del modo más preciso posible qué es lo que me sucede y por otro lado, en la medida en que uno se expresa de este modo, facilita que las demás personas se expresen del mismo modo y entonces podemos ponernos en el lugar de los otros y evitar hacer interpretaciones incorrectas.

¿Cómo se hace esto y qué relación tiene con las tres zonas?

Cuando interactuamos con otra persona, no tenemos ningún acceso a sus zonas de experiencia. No podemos saber qué es lo que está sintiendo, pensando o percibiendo. Más aún, sólo podemos percibir al otro a través de nuestra zona externa, es decir, sólo sabemos del otro gracias a lo que nuestros cinco sentido pueden percibir. Y para poder empatizar con el otro, necesariamente tenemos que hacer interpretaciones sobre lo que puede estar sucediendo en cualquiera de sus tres zonas. A partir de lo que nuestros cinco sentidos nos informan, usamos nuestros pensamientos para hacer suposiciones sobre el otro.

Finalmente y como si fuera poco, las interpretaciones que hacemos sólo las podemos realizar a partir de nuestra experiencia, nuestros recuerdos, nuestros conocimientos, etc. Y debido a que no tenemos los mismos recuerdos, ni experiencias, ni conocimientos que los demás, resulta absolutamente imposible que no cometamos errores de interpretación.

En primer lugar entonces, expresarse bien significa tener conocimiento de esta gran brecha que existe entre las personas. Y ya que es tan grande la brecha, haríamos bien si ayudásemos al otro a hacer interpretaciones lo más correctas posibles. Mientras más información tenemos acerca de algo, mejor podemos relacionarnos.

¿Qué información tendríamos que facilitar al otro para expresarnos bien? Ya que los demás no tienen acceso a nuestras zonas de experiencia, resulta muy importante entregarles una descripción clara de lo que sucede en ellas con el fin de evitar sus suposiciones erróneas. Y por otro lado, es importante invitar al otro a explicitarnos qué está sucediendo en sus propias zonas de experiencia. En el segundo ejemplo de comunicación que di, ella hace todas estas cosas:

- “Hoy ha sido un día muy difícil para mí.”

(Menciona su zona intermedia, es un recuerdo.)

- “Me siento frustrada y dolida por un problema que tuve con alguien en el trabajo.”

(Menciona su zona interna, aquí está hablándonos de lo que siente aquí y ahora.)

- “Me gustaría descansar un rato en tus brazos, me haría bien.”

(Zona Intermedia, habla acerca de lo que le gustaría hacer –es decir, se ha imaginado en los brazos de su pareja- y explicita la suposición de que descansando en los brazos de él podría sentirse mejor. Quiero destacar el hecho de que ella ha pedido con mucha claridad lo que quiere.

Una gran dificultad en la comunicación se da cuando alguna de las partes espera que el otro adivine qué es lo que quiere pero sin hacer pedidos claros y explícitos.)

“Pero al ver tu cara, no puedo evitar suponer que tú no tienes interés en eso, incluso pienso que no te importa que yo haya llegado”

(Menciona lo que ella percibe en su zona externa y, acto seguido, le dice a él cómo está interpretando lo que percibe al verlo.)

“y eso me hace sentir un poco ansiosa.”

(No sólo describe sus suposiciones acerca de la expresión facial de él, sino además describe cómo esa suposición afecta su zona interna. Esto es muy importante, porque es en este punto en donde él puede comprender realmente cómo ella se está sintiendo en la situación presente.)

“¿Te importa que yo esté aquí?”

(Ella le pregunta si sus suposiciones –zona intermedia- son correctas o no. Al hacerlo como una pregunta no está afirmando que sus suposiciones sean ciertas. La mayor parte de las veces, cuando decimos a los demás nuestras suposiciones como si fueran la realidad, conseguimos que reaccionen defendiéndose. Si ella dijese “a ti no te importa que yo esté aquí”, él podría sentirlo como una acusación y en consecuencia comenzar a defenderse. Además, al usar una pregunta, está invitando a su pareja a mostrar lo que está sucediendo en sus propias zonas de experiencia.)

Facilitar la empatía de los demás hacia uno mismo, no sólo es un beneficio para nosotros, sino también para los demás. La afirmación inversa también es correcta, saber empatizar con los demás también es un beneficio para nosotros mismos. Para hacer esto último es de mucha ayuda preguntar y pedir información a los demás qué es lo que está sucediendo en sus zonas de experiencia. Pongo a continuación otro ejemplo: