El Sueño de Katy, el Toro y la Yegua: Terapia Gestalt, Polaridades y la Recuperación del Poder Femenino
- Tomás de la Fuente

- hace 1 día
- 19 Min. de lectura
Hay dos tipos de Terapia: Las que funcionan y las que no funcionan
En este artículo te comparto una sesión real sobre cómo se puede trabajar con Sueños en terapia Gestalt. A lo largo de mis años de práctica y enseñanza, he llegado a una conclusión bastante radical: Hay dos tipos de terapia. Las que funcionan y las que no funcionan. Las terapias que no funcionan suelen ser aquellas que se quedan atrapadas en la superficie de la mente. Son fascinantes exploraciones intelectuales acerca de por qué nos pasa lo que nos pasa, llenas de etiquetas, diagnósticos y largas explicaciones históricas. Pero saber por qué te ahogas no te enseña a nadar. Las terapias que realmente funcionan tienen una característica innegable: no te invitan a pensar sobre tu vida, te invitan a vivenciarla. Te empujan a entrar en contacto directo con tus sensaciones, con tu cuerpo y con tus emociones en el aquí y el ahora. Y esto, y sólo esto, es lo que puede transformarnos.
Ese es, precisamente, el sello definitivo de la Terapia Gestalt. Es una invitación directa a la experiencia.
Recuerdo la primera vez que entré en contacto con la Gestalt. Estaba en mi primer año de psicología y cayó en mis manos el libro "Sueños y Existencia" de Fritz Perls. Al leer las transcripciones de cómo él trabajaba los sueños con sus pacientes en un contexto grupal, quedé impactado. Había una cualidad tan viva en cada encuentro, tan vibrante, que me pareció magia pura. Era completamente diferente a todo lo que aprendía en la universidad. Me pareció de inmediato que en ninguno de mis cursos de la carrera de psicología iba a aprender esto, y la verdad resultó ser exactamente ésa. Comprendí de inmediato que si la terapia no tenía esa cualidad de estar viva en el momento presente, entonces simplemente no era terapia. Perls no se sentaba a teorizar; le pedía a la gente que entrara en la experiencia, que en lugar de intentar entender lo que le sucedía, que lo vivenciara y a partir de esa inmersión, ocurrían transformaciones milagrosas. Para mí, leer ese libro era lo mismo que leer un diario de milagros.
Con orgullo te regalo este artículo. Ahora estoy en la posición del terapeuta que puede ayudar a otros con su magia. Han pasado casi 30 años desde el día que leí ese libro y hoy puedo decir que he aprendido bastante bien cómo se hace. Lo que nunca imeginé cuando leí el libro es que cuando el consultante vive la magia, para el terapeuta es igual, la magia nos toca también en el corazón y nos volvemos personas más felices. ¡Gracias a la vida por ponerme en este lugar!
En Gestalt, “Interpretar” es una Palabra Sucia
Por eso, en Gestalt tenemos una regla de oro cuando trabajamos con el material onírico: Nosotros no interpretamos los sueños. Interpretar un sueño a través de un manual —donde soñar con agua significa "emociones" o soñar con dientes significa "inseguridad"— es un ejercicio mental estéril. Es el equivalente a querer conocer el sabor de una manzana leyendo su etiqueta nutricional encerrados en un sótano. Por más correcta que pueda parecer la interpretación, su potencial para transformar el alma humana es nulo, porque nos mantiene alejados del contacto directo con el Gran Misterio de lo que somos.
En lugar de interpretar, le pedimos a la persona que le preste su cuerpo, su voz y su respiración a los elementos del sueño. Le pedimos que sea el tigre, que sea la carretera, que sea la playa o el perro con los que ha soñado y que luego tenga diálogos entre todas estas partes de sí misma para facilitar una integración de la personalidad. Y es que no hay un significado único y universal para ningún símbolo; el verdadero significado sólo se revela cuando la persona se atreve a habitarlo vivencialmente.
El Sueño como un Mapa de Nuestras Amputaciones
El principio fundamental aquí es que todos los elementos que aparecen en un sueño son partes de nuestra propia personalidad. Son fragmentos de nuestro propio ser que, por alguna razón, hemos proyectado hacia afuera.
¿Por qué hacemos esto? Como hemos visto antes, los seres humanos crecemos condicionados por un mecanismo de supervivencia. En nuestra infancia, aprendimos que ciertas partes de nosotros eran inaceptables, peligrosas o prohibidas. Si nuestro entorno castigaba la rabia, amputamos nuestro poder. Si el entorno castigaba la vulnerabilidad, amputamos nuestra sensibilidad. Y así, desarrollamos un mecanismo de defensa que consiste en vigilarnos, criticarnos y controlarnos para evitar que nos acerquemos a éstas partes prohibidas de nosotros mismos, dejándonos viviendo a la mitad de nuestra capacidad.
El origen de todo problema psicológico radica en esta incapacidad de vivenciar la totalidad de lo que somos. Esto limita trágicamente nuestro repertorio de respuestas ante la realidad. Si no tienes acceso a tu poder y firmeza, serás incapaz de poner límites cuando la vida te lo exija. Si no tienes acceso a tu capacidad de sentir miedo (porque te enseñaron que es de cobardes), no podrás cuidarte ante un peligro real y vivirás lanzándote de cabeza al desastre. Si no tienes acceso a tu sensibilidad, te será imposible conectar con el otro a través de la empatía.
La Terapia Gestalt es un camino muy directo para recuperar ese potencial total. Nuestro trabajo consiste en darle permiso a la persona para ser todo lo que es, especialmente aquellas partes prohibidas. Por eso, en el trabajo de sueños, invitamos pacientemente al consultante a encarnar justamente aquellos elementos que le parecen más atemorizantes, ajenos o inaceptables. Y es precisamente el trabajo con los sueños uno de los mejores caminos para lograrlo, porque mientras dormimos nos relajamos un poco y todas esas partes prohibidas de nuestra personalidad tienen permiso de convertirse en historias disparatadas cuyo fin principal es llevarnos de nuevo a la totalidad de lo que somos.
Los sueños que creamos son el intento profundo de nuestra alma por resolver los conflictos que llevamos años arrastrando, desde nuestra infancia o, incluso, los conflictos que nuestros ancestros no han podido resolver.
La Gestalt en Acción
Es extremadamente difícil transmitir la potencia de este trabajo en un texto. La Gestalt hay que verla, hay que escuchar los quiebres de voz, notar cómo cambia la respiración y ver cómo el cuerpo del paciente se transforma frente a nuestros ojos. Es hermoso, intenso, desgarrador y al mismo tiempo unificador y cósmico. Paseamos por el infierno para llegar al cielo. A mí me encantaría publicar los videos de mis sesiones pero por respeto a la intimidad, la transcripción literal es el mejor vehículo que tenemos. De todos modos, si alguien se ofrece a tener una sesión de gestalt grabada en video y está de acuerdo en publicarla en algún lugar como mi blog o youtube, me sentiré inmensamente agradecido de su colaboración para dar a conocer esta joya que es la Gestalt.
Lo que leerás a continuación es la transcripción de una sesión real con una de mis alumnas, Katy. He querido presentar este trabajo con sus pausas, resistencias y descubrimientos, porque es la única forma de mostrarte la alquimia de la Gestalt en acción.
Acompáñame a presenciar cómo el alma, cuando se le da el espacio para dejar de huir y atreverse a ser el monstruo, termina recordando su verdadera y resplandeciente naturaleza.
El Sueño de Katy y la Terapia Gestalt
Katy: [Sentada, con las manos entrelazadas, tono suave] A mí me gustaría trabajar... tuve un sueño hace pocos días, el miércoles, que me dejó muy marcada.
Tomás: Mmm... ajá. Bienvenida. El espacio es tuyo ahora mismo.
K: Soñé que vivía en esta misma casa donde vivo ahora en el sur... y al lado había un campo libre, cerrado, y adentro había animales salvajes: caballos, toros, vacas. Yo salía con Felipe [su marido] y andábamos afuera caminando cada con un caballo. Los caballos eran mansos y tranquilos. Cuando llegamos al lugar, había mucho alboroto. Había hombres, unos "huasos", tratando de dominar a los animales salvajes. A mí me daba miedo. De pronto... abro una puerta y sale un hombre montando un toro... era un toro gigante, aterrador, con un bozal en la boca. Venía con una energía brutal, avasalladora. Salí arrancando y me desperté aterrada.
T: [Asintiendo] Mmm... mmm. Hagámoslo como hay que hacerlo. Te voy a invitar a que con tus ojos cerrados vayas avanzando en el sueño paso a paso. Cuéntamelo en presente, como si estuviera pasando ahora. La idea es que lo relates en tiempo presente, como si lo estuvieras soñando ahora, me describes todo lo que sucede, cómo son las imágenes y también como te sientes. Para que nosotros podamos ver tu sueño como si estuviésemos viendo una película.
K: [Cierra los ojos, respira profundo] Estoy caminando por el campo... es un prado tranquilo. Voy con Felipe.
T: Mmm... ajá. ¿Qué se siente estar ahí?
K: Siento que es todo tranquilo... como: "Oh, qué tranquilo, no pasa nada". Está todo en calma, hay paz.
T: Mmm... y de repente...
K: [Su tono de voz sube, se pone tensa en la silla, cruza un poco los brazos] De repente abro la puerta y... me vienen casi escalofríos en el cuerpo... hay mucho alboroto. Hay... hay solo hombres ahí... como estos huasos de campo, rudos, gritando. Y... y los huasos también me asustan.
T: ¿Qué te asusta de ellos?
K: Siento que si me cruzo podrían pasar a llevarme... tengo miedo de que sean bruscos y pasen por mi lado casi arrollándome. Están en lo de ellos... no les interesa que yo esté ahí.
T: [Con voz directiva] Bien. Quédate ahí. Te voy a invitar a que primero te conviertas en el suelo. El suelo de ese lugar donde están los huasos. Ponte en una postura corporal para que seas el suelo... horizontal.
K (Suelo): [Se desliza un poco en la silla, relaja los hombros, voz más baja] Siento que estoy toda marcada por las pisadas de los animales. Estoy con todas las grietas de todos los animales registrados sobre mí. En partes estoy seca, se levanta polvo...
T: Mmm... ¿Y cómo te sientes ahí, siendo el suelo?
K (Suelo): [Voz con un dejo de tristeza o apatía, mirada apuntando hacia abajo] Se siente como... nada importante. El suelo no es nada importante. Arriba están pasando tantas cosas poderosas, enérgicas... y yo aquí abajo estoy sosteniendo eso, pero no soy partícipe. Qué... qué aburrido estar aquí abajo sola.
T: Ajá... "aburrido". Te voy a invitar ahora a que seas el caballo de la Katy. Ponte como caballo... siente que tu cuerpo es el de ese caballo manso. En primera persona.
K(Yegua): [Cambia de postura, endereza la espalda, aparece una sonrisa leve] Siento que voy caminando muy feliz. Mirando hacia los lados... qué tranquilo, qué bello, qué cómodo. Como que todo está bien, qué "bacán" se siente esto.
T: Mmm...
K (Yegua): Brilla mi pelaje. Me siento bien. Todo se siente estupendo. Paseando tranquila... sin que nada me perturbe.
T: [Sube la energía en la voz] Bien. Ahora... cámbiate de lugar. Conviértete en el Toro. Busca un gesto con tu cuerpo para ser el toro más feroz del universo.
K (Toro): [Ensancha los hombros, frunce el ceño, su respiración se vuelve más ruda] Me siento gigante. Con mucha fuerza. Tengo el ceño fruncido, soy muy poderoso. Puedo hacer todo lo que quiero, soy avasallador.
T: [Voz más firme] Eso. Mírala a ella. Mira a la yegua de Katy desde tu inmensidad. ¿Qué te produce verla?
K (Toro): [Voz grave, hablando desde el pecho, mueve la cabeza con desdén hacia la silla vacía] Parece una niña mimada. ¡Qué ridícula! Qué ridícula ahí, tan peinada, tan brillante. Si quieres irte, ándate. No te necesitamos aquí, estamos mejor sin ti, aquí hay pura energía masculina.
T: ¡Díselo! "Eres una superficial".
K (Toro): ¡Eres una superficial! ¡Niña mimada!
T: Vuelve a ser la Yegua. Escuchaste al Toro decirte ridícula y superficial. ¿Qué le contestas?
K (Yegua): [Se sienta erguida pero relajada, hace un gesto con la cabeza y los hombros de "no me importa", tono muy ligero y desentendido] Ay... como que me da lo mismo.
T: [Empujando al contacto pleno] ¡Eso! ¡Díselo! "Me importa un bledo tu fuerza bruta".
K (Yegua): [Se ríe abiertamente, echa la cabeza hacia atrás, mueve las manos con mucha soltura, voz muy liviana y femenina] ¡Me importa un bledo tu fuerza bruta! Sí, soy superficial. ¡Superficialidad máxima! [Se ríe de nuevo] Me gusta mi pelaje brillante, me gusta estar cómoda y pasear feliz. ¿Y qué?
T: [Riendo suavemente con ella] ¡Eso! ¿Cómo se siente decírselo?
K (Yegua): ¡Qué alivio! [Respira profundo, los hombros caen en su lugar natural, el rostro se relaja por completo] Se siente súper bien. Me... me quité un peso de encima.
T: Imagínate ahora que Felipe te mira mientras tú eres esta yegua superficial, brillante, que no le importa nada la fuerza bruta de ese toro. ¿Qué pasa contigo?
K: [Sonrisa muy amplia, ojos brillantes] Le digo: "Aquí estoy, esto es lo que hay... y qué si soy superficial". Y él se ríe. Le gusta verme así de relajada.
T: Respira... sal del rol un momento. ¿De qué te das cuenta con todo esto?
K: [Largo suspiro de alivio, se toca el pecho] Me doy cuenta de que... me exijo mucho ser profunda, ser densa, sostener cosas difíciles... y que de verdad hay una parte mía que solo quiere ser livianita, verse bien y pasear tranquila. Y que... está bien. No tiene nada de malo ser superficial un rato.
T: Mmm... qué descanso, ¿no?
K: Sí... muchísimo.
T: Es muy loco este proceso... a medida que van ocurriendo cambios en uno, empiezan a emerger cosas nuevas. Que hayas tenido este sueño quiere decir que tienes menos miedo. Que puedas ver al toro y decir "estoy aterrorizada" es porque tu miedo ya está muy en la conciencia... y cuando algo está en la conciencia, es menos amenazante.
K: [Conectando con su cuerpo] El otro día en la clase de bioenergética, cuando nos hacían acariciarnos las manos con delicadeza... sentí algo muy sensual, placentero. Deseos de ser acariciada de esa forma.
T: Eso es. Esa es la Yegua. Por fin...
K: [Se ríe] ¡Por fin!

Mis comentarios sobre el trabajo con el sueño de Katy
Lo que presenciamos en esta sesión es un proceso de reclamación de soberanía existencial. Para entenderlo, debemos mirar más allá de la superficie de las imágenes y observar cómo Katy moviliza su energía de un polo a otro.
El Toro: De la Amenaza al Aliado
Habitualmente, cuando nos encontramos frente a cosas aterrorizantes en un sueño, nuestra tendencia natural es a escapar. En Gestalt, hacemos lo contrario: le pedimos al paciente que sea el monstruo. ¿Por qué hacemos esto? Por la sencilla razón de que todos los elementos del sueño son partes de nosotros mismos. Si tememos a cualquier personaje, evento u objeto de nuestro sueño, a lo que tememos es a una parte de nosotros. Y ya sabemos lo que nos sucede cuando rechazamos partes de nuestro ser: quedamos llenos de vacíos en nuestra personalidad. Como decía Perls, ahí donde debiera haber la capacidad de ser agresivo, no hay nada; ahí donde debiera haber la capacidad de ver, no hay ojos; ahí donde debiera haber capacidad de sentir, hay anestesia. Cada vez que rechazamos una parte de nosotros, entonces quedamos impedidos de adaptarnos para responder del modo más adecuado a cada situación en la vida. La terapia Gestalt se trata de recuperar todas nuestras partes para integrarlas y ser capaces de usarlas cuando es necesario para satisfacer nuestras necesidades.
La primera reacción de Katy ante el Toro, y también a todos los hombres del sueño, es tenerles miedo. Aquí, Katy nos muestra claramente cómo está rechazando algo de lo que esos hombres y el Toro representan, de modo que en algún punto durante el trabajo era ineludible pedirle a Katy que fuese el Toro. También podrían haber sido los hombres, pero en general es mejor no usar a los seres humanos si es que es posible, así que el Toro quedó agendado.
La primera escena del sueño es Katy sintiéndose feliz de pasear con su marido. Todo estaba bien, había un hermoso estado de felicidad y de paz. Pero de pronto aparecen todos esos hombres y el toro, que vienen a arruinar esa felicidad. Los sueños son lo que nosotros queremos que sean, son nuestras propias creaciones. Entonces, la pregunta que yo me hago en ese momento es: ¿Por qué Katy está atentando contra su propia felicidad? ¿Por qué no se permitió seguir teniendo ese sueño maravilloso en donde era feliz con su marido? ¿Por qué tenía que crear todos estos personajes masculinos brutos que la asustaban? Lo que más nos importa comprender en terapia Gestalt es cómo nos interrumpimos y saboteamos a nosotros mismos; el rol del terapeuta es ayudar a la persona a dejar de hacerse la vida imposible.
Durante el trabajo yo no tenía la respuesta a todas estas preguntas y la fui descubriendo poco a poco. Más tarde fui comprendiendo que su feminidad, proyectada en esa yegua mansa, estaba desprotegida frente a lo que ella percibía como una "fuerza masculina bruta" (los huasos y el toro). En su vida cotidiana, esto se traduce en una sensación de vulnerabilidad donde lo externo —las exigencias, el deber ser, lo "denso"— termina por humillar y silenciar su necesidad de liviandad y belleza. Probablemente, en su infancia sea posible encontrar bastantes escenas en donde “la fuerza bruta” no la dejaba ser todo lo femenina y delicada que ella era. No es que ella no sea fuerte, es que también es femenina y delicada. Nuestras experiencias difíciles de infancia nos obligan a elegir entre una parte de nosotros y otra… no podemos ser ambas. En Gestalt, lo que hacemos es resolver el conflicto entre las polaridades de nuestro ser para que todas tengan el espacio que necesitan.
Cuando Katy representó el suelo, evidentemente estaba tomando contacto con un aspecto de sí misma que se siente aplastado y pisoteado. Cuando le pedí que representara el suelo, mi hipótesis era que ella, para dejar de sentirse aplastada, iba a necesitar resolver este conflicto en un diálogo con el Toro —el principal aplastador de su sueño— y que toda la resolución del conflicto iba a girar en torno a la integración del poder. Sin embargo, cuando el suelo expresó sus sentimientos, no se quejó tanto de sentirse aplastado sino, y sobre todo, de estarse perdiendo la diversión; el suelo se quejó sobre todo de aburrimiento. Esto me hizo pensar que integrar el poder no era el tema central del sueño, sino que tenía que ser otra cosa. Fue este comentario lo que me hizo pensar que había que buscar a otro personaje. Este suelo hablaba de una añoranza de disfrutar más… ¿y cuál de todos los personajes parecía disfrutar más? Presumiblemente, la Yegua que acompañaba a Katy. Así que dije para mí mismo: “Ok, primero conoceremos a la yegua y luego al toro, porque es evidente que el poder del Toro hay que integrarlo, pero antes quiero conocer a la yegua, que al parecer es la que más disfruta de la vida en este lugar en donde sólo parece tener cabida la seriedad, la dureza y la demostración de poder”.
Cuando representó a la yegua apareció la liviandad, la belleza, el brillo. Y mi primera impresión fue que esa forma de ser tan femenina iba a resultar chocante para los “machos del rancho”.
Luego, cuando ella encarna al Toro, sucedió lo que yo esperaba: al sentir sus músculos ensancharse y su respiración volverse ruda, Katy no solo representó a un animal; hizo suyo el Poder. Descubrió que esa fuerza avasalladora que tanto le aterraba afuera, en realidad habitaba dentro de ella. Fue hermoso ver a Katy llena de todo ese poder, se veía imponente y entera. Me fascinó sentir el desprecio del Toro por todos los demás. Decía una y otra vez que él era el más fuerte y que a todos los demás seres, especialmente a los debiluchos, los miraba con desprecio. Esta desvergüenza del Toro me pareció cósmicamente divina; muchas veces Katy me ha dicho que suele estar demasiado preocupada por los demás. En cambio, al toro nadie le importaba más que él mismo. Hermosa oportunidad de integración y de romper el mal hábito de considerar demasiado a los otros.
Cuando vi el desprecio del Toro hacia la Yegua, pensé que cuando iniciáramos el diálogo entre estos dos personajes, la yegua se iba a sentir aplastada y herida, y quizás aterrorizada a juzgar por el miedo que el Toro le daba a Katy. Pero ocurrió un giro totalmente inesperado para mí —estos giros inesperados no sólo son sorpresas en el trabajo, sino que suelen ser el momento mágico en donde sucede una transformación profunda—.
Cuando Katy volvió a ser la Yegua tras haber sido el Toro, su voz ya no era la misma. Ahora tenía una "columna vertebral". Pudo decir: "Me importa un bledo tu fuerza bruta" no desde la debilidad de quien huye, sino desde la autoridad de quien se sabe fuerte. Después de haber representado al Toro, Katy se llevó todo ese poder hacia la Yegua, quien usó todo este poder para defender su derecho a ser delicada, superficial y brillante. Aquí la "superficialidad" no es falta de contenido; es la libertad de disfrutar la estética y el placer sin pedir permiso. Gracias al Toro, Katy validó lo femenino en ella como algo poderoso y digno.
Este momento fue hermoso. Katy brillaba, no sólo con poder, sino también con belleza, delicadeza, inocencia y dulzura. Yo disfrutaba enormemente ver cómo ella misma se disfrutaba.
Es aquí donde se podía ver la integración de dos polaridades que habían estado disociadas. Por un lado estaba el Toro que, si bien tenía poder, carecía de flexibilidad, sensibilidad y capacidad de disfrute. Y, por otro lado, estaba el aspecto femenino en Katy, que aparecía como debilitado frente al poder y, por lo tanto, sintiendo cierta incapacidad de ser. Con esta polaridad disociada, la energía masculina es demasiado violenta, y la energía femenina da vergüenza tenerla, por lo que Katy sentía en su vida que tenía que ocultarla.
Mientras comentábamos el trabajo con el sueño, tuvimos este intercambio que quiero transcribir literal:
Katy: Yo por lo menos nunca había hecho un ejercicio así... últimamente había conectado harto con el miedo... Siento que quizás es algo que escondo mucho, como que está mal ser así... Entonces de repente me sale eso, pero lo hago con personas de mucha confianza y por un rato... pero acá sentí una liviandad en permitirme como que ¡no pasa nada!, no es nada incorrecto tampoco.
Tomás: Mmm... sí, yo también tuve esa sensación, como que apareció algo nuevo de verdad. Tuviste ese sueño porque ese aspecto tuyo está queriendo mostrarse. Tienes menos miedo. O sea, que puedas ver al toro y decir "estoy aterrorizada" es porque tu miedo ya está muy en la conciencia... y cuando algo está en la conciencia es porque en el fondo es menos amenazante. Uno es capaz de soñar también lo que es capaz de tolerar sentir y ver.
Katy: ¿Saben qué? El otro día tuve clase de bioenergética y nos hacían acariciarnos las manos... como si fuese una mariposa que va rozando las manos. Y después el rostro... y sentí algo que nunca había sentido, algo así como muy sensual, como ¡qué placeres! con eso de delicadeza... y sentía "oh, qué deseos de ser acariciada de esa forma".
Tomás: Claro que sí. Eso es. Eso está pudiendo empezar a aparecer en ti.
Katy: [Riendo] ¡Por fin!
La Transformación del Campo Relacional
Siempre que ocurren integraciones profundas me gusta comprobar cómo esta transformación impactará en la vida cotidiana de la persona. Y debido a que el sueño comenzaba con Katy y su esposo, me pareció tremendamente atingente pedirle que lo trajera a él y probase su nuevo ser integrado en su relación con él.
Este cambio interno tiene un impacto inmediato en cómo Katy percibe su relación con lo masculino, específicamente con su marido, Felipe.
T: Imagínate ahora que Felipe te mira siendo esta yegua superficial, brillante, que no le importa nada esa fuerza bruta. ¿Qué pasa contigo?
K: [Sonrisa amplia] Le digo: "Aquí estoy, esto es lo que hay... y qué si soy superficial". Y él se ríe. Le gusta verme así de relajada.
T: Respira... sal del rol un momento. ¿De qué te das cuenta con todo esto?
K: [Suspiro de alivio] Me doy cuenta de que me exijo mucho ser profunda, ser densa, sostener cosas difíciles... y que de verdad hay una parte mía que solo quiere ser livianita, verse bien y pasear tranquila. Y que está bien. No tiene nada de malo ser superficial un rato.
Antes del trabajo, el miedo de Katy era que su feminidad fuera aplastada o humillada por los hombres —los hombres brutos del sueño, el Toro, y por supuesto, presumiblemente por su marido en la vida real— si se mostraba tal cual era. Sin embargo, al final de la sesión, al visualizar a Felipe mirándola en su estado de "yegua brillante y relajada", la configuración cambió por completo. Ella descubrió que su propia plenitud es magnética, ¡no sólo para sí misma, sino que también es agradable para él! Si ella se permite ser esa mujer sensual y delicada, el hombre deja de ser un toro que la va a pisotear para convertirse en alguien que la disfruta y la acepta. La "brutalidad" externa desaparece en el momento en que ella deja de ser el "suelo" apático y asume el poder de proteger su propio goce.
El Diagnóstico de la Energía
Uno de los momentos más interesantes fue cuando discutimos por qué no elegí trabajar con el Jinete del Toro. Como les comentaba en clase, el jinete representa el control, la capacidad de dirigir la bestia. Pero el tema de Katy no era una falta de control; de hecho, Katy vive con un exceso de control y profundidad. Su "neurosis" era la incapacidad de ser leve.
Si yo la hubiera hecho ser el jinete, seguramente ella habría representado a un aspecto de sí misma que conoce bastante bien. Al elegir a la Yegua, la invité —sin que yo supiera a ciencia cierta hacia dónde íbamos— a entrar en la zona prohibida de su psique: el placer por el placer mismo. Como terapeutas, debemos aprender a leer no solo lo que el paciente dice, sino qué energía está "congelada". El único modo de descongelar lo que está congelado es explorando las zonas prohibidas. En ella, la energía del disfrute estaba prohibida.
El Cierre: La Sensualidad como Acto de Dignidad
Katy cerró la discusión con una conexión preciosa que le dio sentido a todo el proceso:
Katy: "El otro día en clase de bioenergética nos hacían acariciarnos las manos como si fuéramos mariposas... y sentí algo que nunca había sentido, algo muy sensual, muy delicado. Tenía deseos de ser acariciada así."
Esa delicadeza de "mariposa" es la misma energía que la Yegua brillante de su sueño. El sueño fue el ensayo existencial que su alma necesitaba para decir: "Ya tengo la fuerza del Toro para protegerme, ahora por fin me doy permiso para ser suave".
Al final, este trabajo nos enseña que el camino hacia la integración no consiste en eliminar nuestras partes "brutas" o "superficiales", sino en ponerlas a trabajar juntas. El Toro no estaba ahí para asustarla; era el guardián de su feminidad que estaba esperando ser reclamado para que ella pudiera, por fin, florecer en su sensualidad. También nos muestra que el sueño no solo es una vía para resolver conflictos, sino un espacio de ensayo existencial. Katy pudo ensayar su derecho a la delicadeza, a la superficialidad estética y al placer frente a una audiencia que, lejos de juzgarla, celebró su brillo. La "superficialidad máxima" de la yegua no era más que la puerta de entrada a una profundidad mayor: la de su propia sensualidad recuperada.
P.D: Después de escribir este artículo se lo envié a Katy para que me diera el visto bueno y permiso para publicarlo. Esta fue su respuesta: “Me encantó Tomás, aún puedo sentir la ligereza del personaje de la Yegua. Me doy cuenta como he abusado del personaje del Toro, es agotador. Me encanta la energía de esa yegua, ama lo femenino, se siente cómoda con ello y le da lo mismo lo que opine el resto. Que relajo.”
¡Gracias Katy!
Una Invitación a Despertar: El Próximo Paso en tu Camino
Leer sobre el sueño de Katy, comprender la teoría de las polaridades y reconocer cómo nos amputamos a nosotros mismos es un hermoso primer paso. Pero, como siempre les digo a mis alumnos: saber por qué te ahogas no te enseña a nadar.
La verdadera alquimia ocurre en el cuerpo, en la experiencia directa, en el atreverse a bajar al sótano y encarnar eso que hemos rechazado.
Si has resonado con este articulo, si reconoces que tú también estás gastando demasiada energía vital peleando una guerra santa contra ti mismo y anhelas recuperar tu vitalidad, quiero invitarte a dar el salto de la teoría a la experiencia.
Para tu propio camino personal: He diseñado el Curso de Introducción a la Terapia Gestalt precisamente para esto. No es un curso de teorías abstractas; es un laboratorio existencial. Es un espacio guiado y seguro donde aprenderás, en primera persona, a desarmar tus juicios, a integrar tus propios "toros" y "yeguas", y a descongelar esa energía vital que te impide disfrutar de tu vida con plenitud y ligereza. Si quieres dejar de sobrevivir y empezar a vivir, este es el lugar para comenzar. Este curso de introducción también va a ser de interés para terapeutas que quieran añadir repertorio a su quehacer.
Para quienes sienten el llamado de acompañar a otros: Ahora bien, si ya vienes caminando este sendero, si eres psicólogo, terapeuta, coach, o simplemente sientes el llamado profundo de facilitar este nivel de transformación en otras personas, te invito a la Formación de Terapeutas Gestalt.
👉 Si quieres hacer la formación, escribeme directamente. Tenemos que tener una entrevista para conocernos.
Comentarios