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Despertar de la Consciencia y el Florecimiento del Corazón

El Sueño de Katy, el Toro y la Yegua: Terapia Gestalt, Polaridades y la Recuperación del Poder Femenino

Actualizado: 1 may


Hay dos tipos de Terapia: Las que funcionan y las que no funcionan


A lo largo de mis años de práctica y enseñanza, he llegado a una conclusión bastante radical: Hay dos tipos de terapia. Las que funcionan y las que no funcionan. Las terapias que no funcionan suelen ser aquellas que se quedan atrapadas en la superficie de la mente. Son fascinantes exploraciones intelectuales acerca de por qué nos pasa lo que nos pasa, llenas de etiquetas, diagnósticos y largas explicaciones históricas. Pero saber por qué te ahogas no te enseña a nadar. Las terapias que realmente funcionan tienen una característica innegable: no te invitan a pensar sobre tu vida, te invitan a vivenciarla. Te empujan a entrar en contacto directo con tus sensaciones, con tu cuerpo y con tus emociones en el aquí y el ahora. Y esto, y sólo esto, es lo que puede transformarnos.


Ese es, precisamente, el sello definitivo de la Terapia Gestalt. Es una invitación directa a la experiencia.


Recuerdo la primera vez que entré en contacto con la Gestalt. Estaba en mi primer año de psicología y cayó en mis manos el libro "Sueños y Existencia" de Fritz Perls. Al leer las transcripciones de cómo él trabajaba los sueños con sus pacientes en un contexto grupal, quedé impactado. Había una cualidad tan viva en cada encuentro, tan vibrante, que me pareció magia pura. Era completamente diferente a todo lo que aprendía en la universidad. Me pareció de inmediato que en ninguno de mis cursos de la carrera de psicología iba a aprender esto, y la verdad resultó ser exactamente ésa. Comprendí de inmediato que si la terapia no tenía esa cualidad de estar viva en el momento presente, entonces simplemente no era terapia. Perls no se sentaba a teorizar; le pedía a la gente que entrara en la experiencia, que en lugar de intentar entender lo que le sucedía, que lo vivenciara y a partir de esa inmersión, ocurrían transformaciones milagrosas. Para mí, leer ese libro era lo mismo que leer un diario de milagros. 


En Gestalt, “Interpretar” es una Palabra Sucia


Por eso, en Gestalt tenemos una regla de oro cuando trabajamos con el material onírico: Nosotros no interpretamos los sueños. Interpretar un sueño a través de un manual —donde soñar con agua significa "emociones" o soñar con dientes significa "inseguridad"— es un ejercicio mental estéril. Es el equivalente a querer conocer el sabor de una manzana leyendo su etiqueta nutricional encerrados en un sótano. Por más correcta que pueda parecer la interpretación, su potencial para transformar el alma humana es nulo, porque nos mantiene alejados del contacto directo con el Gran Misterio de lo que somos.

En lugar de interpretar, le pedimos a la persona que le preste su cuerpo, su voz y su respiración a los elementos del sueño. Le pedimos que sea el tigre, que sea la carretera, que sea la playa o el perro con los que ha soñado y que luego tenga diálogos entre todas estas partes de sí misma para facilitar una integración de la personalidad. Y es que no hay un significado único y universal para ningún símbolo; el verdadero significado sólo se revela cuando la persona se atreve a habitarlo vivencialmente.


El Sueño como un Mapa de Nuestras Amputaciones


El principio fundamental aquí es que todos los elementos que aparecen en un sueño son partes de nuestra propia personalidad. Son fragmentos de nuestro propio ser que, por alguna razón, hemos proyectado hacia afuera.


¿Por qué hacemos esto? Como hemos visto antes, los seres humanos crecemos condicionados por un mecanismo de supervivencia. En nuestra infancia, aprendimos que ciertas partes de nosotros eran inaceptables, peligrosas o prohibidas. Si nuestro entorno castigaba la rabia, amputamos nuestro poder. Si el entorno castigaba la vulnerabilidad, amputamos nuestra sensibilidad. Y así, desarrollamos un mecanismo de defensa que consiste en vigilarnos, criticarnos y controlarnos para evitar que nos acerquemos a éstas partes prohibidas de nosotros mismos, dejándonos viviendo a la mitad de nuestra capacidad.


El origen de todo problema psicológico radica en esta incapacidad de vivenciar la totalidad de lo que somos. Esto limita trágicamente nuestro repertorio de respuestas ante la realidad. Si no tienes acceso a tu poder y firmeza, serás incapaz de poner límites cuando la vida te lo exija. Si no tienes acceso a tu capacidad de sentir miedo (porque te enseñaron que es de cobardes), no podrás cuidarte ante un peligro real y vivirás lanzándote de cabeza al desastre. Si no tienes acceso a tu sensibilidad, te será imposible conectar con el otro a través de la empatía.


La Terapia Gestalt es un camino muy directo para recuperar ese potencial total. Nuestro trabajo consiste en darle permiso a la persona para ser todo lo que es, especialmente aquellas partes prohibidas. Por eso, en el trabajo de sueños, invitamos pacientemente al consultante a encarnar justamente aquellos elementos que le parecen más atemorizantes, ajenos o inaceptables. Y es precisamente el trabajo con los sueños uno de los mejores caminos para lograrlo, porque mientras dormimos nos relajamos un poco y todas esas partes prohibidas de nuestra personalidad tienen permiso de convertirse en historias disparatadas cuyo fin principal es llevarnos de nuevo a la totalidad de lo que somos.

Los sueños que creamos son el intento profundo de nuestra alma por resolver los conflictos que llevamos años arrastrando, desde nuestra infancia o, incluso, los conflictos que nuestros ancestros no han podido resolver. 


La Gestalt en Acción


Es extremadamente difícil transmitir la potencia de este trabajo en un texto. La Gestalt hay que verla, hay que escuchar los quiebres de voz, notar cómo cambia la respiración y ver cómo el cuerpo del paciente se transforma frente a nuestros ojos. Es hermoso, intenso, desgarrador y al mismo tiempo unificador y cósmico. Paseamos por el infierno para llegar al cielo. A mí me encantaría publicar los videos de mis sesiones pero por respeto a la intimidad, la transcripción literal es el mejor vehículo que tenemos. De todos modos, si alguien se ofrece a tener una sesión de gestalt grabada en video y está de acuerdo en publicarla en algún lugar como mi blog o youtube, me sentiré inmensamente agradecido de su colaboración para dar a conocer esta joya que es la Gestalt.


Lo que leerás a continuación es la transcripción de una sesión real con una de mis alumnas, Katy. He querido presentar este trabajo con sus pausas, resistencias y descubrimientos, porque es la única forma de mostrarte la alquimia de la Gestalt en acción.


Acompáñame a presenciar cómo el alma, cuando se le da el espacio para dejar de huir y atreverse a ser el monstruo, termina recordando su verdadera y resplandeciente naturaleza.


El Sueño


Katy: Tuve un sueño muy raro hace días, me dejó así como muy marcada... [Lleva su mano derecha hacia el pecho y luego hace un gesto de 'presión' con los dedos, simbolizando la huella que dejó el sueño].


Tomás: Ya, buenísimo, nos vas a dar la oportunidad de aprender más sobre el trabajo con sueños. Cuéntanos el sueño primero para hacernos una idea general.


Katy: Soñé que vivía en esta misma casa, en este mismo lugar donde vivo en el sur... [Katy gesticula con la mano derecha señalando hacia su costado, indicando la ubicación física de su hogar actual]. Pero allá donde están las casas de mis vecinos, estaba el campo libre. Y estaba cerrado y habían animales... [Su mirada se pierde en el espacio virtual del sueño. Su tono de voz se vuelve más descriptivo y pausado]. Animales salvajes... caballos, toros, vacas. [Abre los ojos con énfasis al decir "salvajes"].


Tomás: Mmm, qué interesante.


Katy: Entonces yo salía y andaba con Felipe, que es mi marido, y andábamos afuera. Y como en unos caballos... no sé si estábamos montandolos o los llevábamos a nuestro lado. [Mueve las manos como si sostuviera riendas imaginarias de forma suave]. Llegamos a ese lugar y habían muchos animales ahí, alborotados. Y también habían unos hombres que son como estos huasos que hay acá, que andan con sombreros de huaso, con estas camisas cuadrillé. [Describe con las manos la forma del sombrero sobre su cabeza]. Y estaban ahí con esos animales salvajes... y alborotados porque se supone que se habían arrancado algunos.


Katy: [Cambia el tono a uno de mayor vulnerabilidad]. Yo tenía miedo, a mí me da mucho miedo ver animales así al aire libre. Cuando voy caminando y veo vacas o caballos, igual me da miedo. Entonces en el sueño, yo veía que estaban ahí esos animales y en un momento me subí a una parte que estaba en alto para ponerme a salvo. [Hace un gesto de escalada con las manos, su respiración se vuelve un poco más corta]


Katy: Y de repente me devuelvo para entrar a este lugar, abro la puerta y sale... Esto es lo que me dejó así... ¡sale un hombre montando un toro! Un toro así, ¡horrible! Era gigante como de película de terror. [Abre mucho los ojos y gesticula con ambos brazos extendidos para mostrar la magnitud del animal]. Pero el toro iba como cuando les ponen estas monturas a los animales, así venía el toro, y con un bozal en la boca, gigante. Y el toro era gigante y tenía una cabeza gigante. Entonces yo abro así esa puerta y sale así... y yo quedé así como... [Katy se lleva las manos a la cara, imitando el gesto de impacto y parálisis del sueño]. Y ahí despierto, y despierto como aterrada. Y esa imagen la tengo así, aquí. [Se toca la frente con los dedos]. Ese fue mi sueño.


Tomás: Qué buen sueño, Katy. Maravilloso sueño. [Tomás sonríe con genuino interés clínico, nota la energía en el relato de Katy].


Katy: Sí, fue muy extraño. [Se ríe y se pasa las manos por el cabello, descargando un poco la tensión de la imagen del toro].


Tomás: Ya, buenísimo. Qué entretenido tu sueño, está demasiado bueno. Felicitaciones por soñar eso. [Se ríe brevemente].


Katy: [Riendo] El otro día pensaba y decía: "¿En qué me tendría que convertir? En el toro que me da mucho miedo", pensé. [Se señala a sí misma con una sonrisa pícara, anticipando el trabajo gestáltico].


Tomás: Obviamente. Sí. [Tomás se pone serio y profesional, preparando el encuadre]. Te voy a invitar a que con tus ojos cerrados vayas avanzando en el sueño paso a paso y me vayas describiendo todo como sucede en tiempo presente. Trata de darme todos los detalles para que nosotros podamos sentir que estamos viendo el sueño como si fuese una película. Dame muchos detalles: cómo es el lugar, las cosas que hay en cada momento, en cada instante y en cada segundo.


Katy: [Cierra los ojos, respira profundo y se toma un momento de silencio. Su postura se vuelve más recogida]. Ajá, ya... Siento que camino por un campo gigante, como muy del sur, así que no hay mucho árbol sino que hay solo campo con pasto verde... y es como muy lindo el lugar. [Su voz baja de volumen, se vuelve más melódica y pausada]. Me siento bien caminando por ahí porque voy con un animal manso.


Tomás: ¿Qué animal?


Katy: Es un caballo. Es como que lo llevo al lado. Y Felipe también va ahí con otro. Estos caballos son muy mansos, entonces vamos muy tranquilos. [Mueve levemente los hombros al ritmo de una caminata lenta]. Caminando... como que se siente bien ir caminando ahí. Pero luego...


Tomás: ¿Qué es lo que se siente bien de ir caminando por este prado con los caballos y con Felipe?


Katy: Es que siento que es todo tranquilo. Es como: "Oh, qué tranquilo, no pasa nada". Está todo así... no sé si perfecto, pero qué calma, qué paz, qué placentero. [Katy esboza una sonrisa de serenidad con los ojos aún cerrados]. [Su expresión cambia bruscamente a una de tensión]. Y de repente cuando abro la puerta… ¡ah! Me vienen escalofríos en el cuerpo. [Se abraza a sí misma y hace un leve movimiento de estremecimiento]. Porque hay mucho alboroto y hay solo hombres ahí, hay solo hombres, estos huasos así como más de campo. [Su voz se vuelve más apresurada]. Hablan así, gritan... y están todos alborotados porque tienen que ir a buscar a otros animales que se escaparon y que son más salvajes.


Tomás: Ajá... ¿y los huasos también te asustan?


Katy: No sé si me asustan... sí. Como que quizás siento que hay que tenerlos de lejos, como que los veo como muy brutos, así como muy excesivamente masculinos, no sé, una cosa así. [Frunce el ceño, mostrando desagrado]


Tomás: ¿Qué te imaginas que podrían hacer, como para que te den miedo?


Katy: No son cuidadosos. Tengo miedo de que ¡ah!, que me pasen a llevar con eso. O que sean bruscos y pasen casi con el caballo por el lado mío así. [Encoge los hilos y tensa el cuello, protegiéndose]. Siento que tengo que estar así moviéndome...


Tomás: Claro, no es como que te vayan ellos directamente a hacer algo, pero es como que dado lo brutos que son es mejor mantenerse lejos.


Katy: Sí. Como hay que ir a buscar esos animales, y no les interesa que esté yo ahí ni nada de eso. [Su tono denota una sensación de invisibilidad frente a la fuerza bruta]. Y ahí en ese momento también Felipe se desaparece, ya no está.


Tomás: Ajá... ¿Y cómo es el lugar donde están ellos?


Katy: Está cerrado por alrededor, con estos palos típicos de cierres así más rústicos, para que no se salgan los animales y nada más. Igual se ve el campo hacia los lados. Pero ahí hay más tierra, porque es donde pisan los animales... hay más tierra, no es pastito ni nada de eso.


Tomás: Mmm, qué interesante. Dale, sigue avanzando en la historia.

He eliminado los términos "como" y "casi" que no formaban parte de las descripciones fenomenológicas entre corchetes para agilizar la lectura del fragmento:


Tomás: Mmm, qué interesante. Dale, sigue avanzando en la historia.


Katy: [Respira más agitada]. Y cuando siento que está todo este alboroto, yo me comienzo a subir en una parte que está más en alto. Hay unas maderas así, entonces comienzo a subir... porque me da mucho miedo todo el alboroto con los animales, entonces me quiero poner a salvo. Entonces subo ahí. [Cruza las manos sobre su pecho mientras describe la subida]. Pero siento que subo y después mejor me quiero bajar y salir del lugar mejor. Y entonces siento que bajo, que salgo de ese lugar donde están todos ellos alborotados... y cierro esa puerta muy rústica, así... [Hace el gesto de cerrar con fuerza].


Katy: Pero no sé por qué me devuelvo. No sé a qué, por qué. Y me devuelvo y abro la puerta...


Tomás: Te devuelves a donde estaban los huasos, a este lugar... ya, me encanta.


Katy: Me devuelvo y abro la puerta, no sé por qué. Yo abro la puerta y está el toro gigante que viene con un bozal. Y viene un hombre arriba montando, con mucha energía. El toro viene con una energía brutal, avasallador. Igual que ese hombre que lo monta. Y es que yo abro la puerta y quedo con mucho miedo, incluso de ver el animal. Me hago a un lado salen a buscar a los otros. Pero yo me quedo así, no me hizo nada, no me pasó a llevar, pero me da tanto miedo ver esa energía, ver eso, que me quedo con mucho miedo.


Tomás: Ya. Te voy a invitar a que primero te conviertas en el suelo. El suelo de ese lugar donde estaban los huasos. [Tomás extiende las manos hacia adelante, con las palmas hacia abajo, simbolizando la horizontalidad del suelo]. Exploremos cómo se siente ser ese suelo.


Katy: [Katy cierra los ojos y baja levemente la cabeza, entrando en el rol]. Siento que el suelo está... me siento todo marcado. El suelo, todo marcado por las pisadas de animales. Siento todas las grietas o las pisadas de todos los animales. Todo eso está marcado, registrado sobre mí. Pero al mismo tiempo, en esas partes que está seco, es como si esas pisadas tan fuertes sacaran polvo. Eso que está levantado se desvanece, es pura tierra en algunas partes.


Tomás: Sí... ¿y cómo te sientes al tener todas esas marcas? ¿Cómo se siente ser tú con marcas, con pisadas, con tierra, con barro?


Katy: Se siente nada importante. [Su tono de voz se vuelve más plano y bajo]. El suelo no es nada importante. Arriba están pasando tantas cosas poderosas, enérgicas, y el suelo está ahí....


Tomás: Usa la primera persona: "Y yo...".


Katy: Sí... siento que sobre mí está toda esa energía tan fuerte. Una vitalidad encima mío, y yo aquí estoy sosteniendo eso y no soy partícipe de eso. [Katy mantiene los ojos cerrados, su respiración es pausada y profunda].


Tomás: Sí. ¿Cómo te sientes al no ser partícipe?


Katy: Me dan deseos de participar. [Esboza una sonrisa leve y nostálgica]. Qué aburrido estar sola aquí abajo. Siento que aquí abajo estoy tranquila, estoy bien, pero quisiera participar allá arriba.


Tomás: Vaya... no me esperaba eso. [Tomás se reclina un poco en su silla, mostrando sorpresa genuina]. No se siente bien no ser nada importante…


Katy: No… Siento eso. Qué aburrido estar aquí. [Se toca la nariz y luego la boca, un gesto que denota reflexión e insatisfacción].


Tomás: Ya... imagínate al toro, a ese toro. [Tomás se inclina hacia adelante, intensificando el contacto visual]. Te voy a invitar a que te presentes al toro. Cuéntale cómo eres tú y vamos a ver qué diálogo se desarrolla entre ustedes. Dile cómo te sientes con él también.


Katy: Cuando me dijiste "el toro", inmediatamente me temblaron las piernas. [Katy abre los ojos y ríe nerviosamente, tocando sus mejillas].


Tomás: Sí....


Katy: Me imagino ahí al toro... bueno, le voy a hablar al toro.


Tomás: Sí, háblale al toro: "Hola toro, soy el suelo", qué sé yo.


Katy: Hola, soy el suelo. [Vuelve a cerrar los ojos, concentrándose]. Estoy muy tranquila, pero estar tan tranquila es muy aburrido… estar tanto rato tranquila; llevo mucho rato así, entonces ya estoy aburrida. Y te veo a ti con tanta energía que me pone un poco... me da un poco de miedo. Me pone nerviosa verte con tanta energía y tanta fuerza, y tan grande. Y con esas contenciones que tienes en tu boca, en tu cuerpo; es como si te tuvieran que contener porque tu fuerza es tan grande… eso me da miedo.


Tomás: ¿Y qué es lo que te da miedo a ti, Suelo? ¿Qué te podría hacer el toro a ti?


Katy: Siento que me ha pisado mucho, porque el suelo es para que lo pisen. Pero no sé, es que... siento que su fuerza tan grande me diera miedo. No sé qué me podría hacer a mí específicamente, pero solo verlo me genera temor porque es algo muy opuesto a mí. [Katy suspira y se acomoda en el asiento, denotando la carga emocional de la imagen].


Tomás: Vale. Te voy a invitar a que, antes de ser el toro, seas el caballo de Katy. [Tomás cambia el registro, buscando una energía intermedia].


Katy: [Katy se ríe con timidez, mirando hacia arriba y estirando el cuello como si buscara aire. Se ríe y se cubre la cara con las manos, asintiendo]. Me da vergüenza, pero... Pero siento que mi caballo está así... muy bien plantado. Va feliz caminando. [Katy endereza la espalda, proyecta el pecho y esboza una sonrisa orgullosa, encarnando la postura del animal manso pero firme].


Tomás: Ah, muy bien. Dilo en primera persona: "Soy el caballo de Katy". Hazlo con todo tu cuerpo. Si pudieras de verdad ponerte como caballo, en cuatro patas, para que de verdad sientas que eres un caballo.


Katy: Sí... siento que voy caminando así como cuando los caballos van con el paso marcado... [Katy mueve las manos rítmicamente frente a ella, imitando el trote] "Pam, pam, pam". Voy muy feliz y mirando hacia los lados. "¡Oh, qué lindo paisaje! Qué tranquilo, qué bello, qué cómodo". Todo está bien, qué bien se siente esto. [Mantiene los ojos cerrados, moviendo la cabeza suavemente de lado a lado con una expresión de placidez] Siento que brilla mi pelaje, el pelo que tenemos los caballos es bonito. Todo se siente muy, muy bien. Me siento muy bacán cómo voy por este lugar.


Tomás: Interesante. ¿Cómo te sientes respecto a Katy, a Felipe y al caballo de Felipe que andan ahí contigo?


Katy: Siento que el caballo de Felipe es igual que yo. Pero yo soy un caballo más femenino y el de Felipe es masculino. [Katy hace un gesto con las manos indicando diferencia de volumen o presencia] Pero también se ve bien, me siento bien con ese caballo al lado. Siento que todo está bien, los cuatro vamos marchando estupendamente en el camino. Con mucha energía, pero una energía de mucha felicidad. [Su tono de voz es ligero y alegre].


Tomás: Dale, te voy a invitar a que seas el toro ahora. [Tomás cambia el tono a uno más serio y directivo] Busca un gesto con tu cuerpo que te permita ser el toro más feroz del universo.


Katy: [Katy abre los ojos por un momento, se ríe y luego se tapa la cara con las manos, soltando una carcajada nerviosa antes de concentrarse] Es como si me sintiera gigante... así, con mucha fuerza. [Katy se inclina hacia adelante, baja los hombros y pone las manos cerca de su cara con los dedos ligeramente encogidos, como si fueran pezuñas o cuernos]


Tomás: Eso. Dale, cuéntame cómo eres.


Katy: [Con los ojos cerrados y el ceño notablemente fruncido, Katy endurece la mandíbula] Oh, tengo el ceño fruncido así... soy muy poderoso. Gigante. Tengo mucha fuerza, puedo hacer todo lo que quiera. Soy avasallador. A mí no me pasa nada. [Su voz se vuelve más grave y profunda]. Yo no miro a nadie. No tomo en cuenta nada de lo que hay alrededor porque soy imponente. Intimido a todos. Soy muy importante para estos hombres que están aquí preparándome. Yo voy a salir a buscar a todos los demás animales porque soy de temer. Obviamente puedo ir a buscar a todos los otros que son menos salvajes de lo que yo soy. [Katy proyecta una energía de superioridad y mando].


Tomás: Qué interesante, no sabía que eras tú el que los iba a ir a buscar.


Katy: Sí, con el hombre que va montado sobre mí y más personas, obvio. Pero es como si yo liderara eso. Por algo salí de los primeros. [Katy levanta ligeramente la barbilla, denotando orgullo].


Tomás: Sí, sigue contándome más sobre cómo es ser tú.


Katy: Me siento con mucha fuerza. No tengo miedo a nada. Me siento gigante. Es como si los demás necesitaran de mí, de mi fuerza. los demás tienen que contar conmigo para intimidar a los otros animales.


Tomás: Claro. ¿Qué sensación tienes en el cuerpo?


Katy: Me siento grande. Poderoso. [Katy respira profundamente, expandiendo el pecho] Y se siente importante ser así. Esto es importante. Ese caballo que va así, el que sentía que era yo antes... ese que va tan alegre, feliz y viviendo... es: "¿Qué es eso?". Dan ganas de decir: "Esto es lo importante". [Katy hace un gesto de desdén con la mano, minimizando la figura del caballo previo].


Tomás: Ah, claro, sí, obvio.


Katy: Parece que los otros caballos van haciéndose los lindos, pero... ¿qué es eso? Eso no es importante. Llegan a ser ridículos. [Katy se ríe con un toque de arrogancia] Tan peinados los caballos, tan brillantes... no tiene sentido porque estamos en el campo, en la tierra, en el barro. ¿Para qué andar tan peinados? Parecen... perfectos. No sé para qué. [Niega con la cabeza, mostrando incomprensión].


Tomás: Dale, háblale a la yegua de Katy. A ver qué tienes para decirle.


Katy: [Katy se toma un momento, su expresión se vuelve más dura] Te veo y... sí, te ves bien. ¡Ah, qué bonita! Pero ser bonito no sirve para nada. Eso no sirve. No puedes hacer nada con eso. Qué absurdo ser eso. [Katy habla con un tono seco y cortante, de confrontación].


Tomás: Dale, vuelve a ser la yegua. Escucha lo que te dice el toro y contéstale.


Katy: [Katy cierra los ojos y exhala con fuerza, retomando la posición de la yegua] Uf... Siento que no me gusta lo que me dice. Me dan ganas de fruncir el ceño, como cuando las niñas se enojan. [Katy frunce el ceño y hace un pequeño puchero infantil] Siento ganas de decirle: "Eso no se dice". Muy desde una parte femenina, de niña. "Eso no se dice, eso es muy feo, eso es muy imprudente". "¿Acaso no te das cuenta de que soy una mujer?". [Katy se toca el pecho y endereza la postura, buscando defender su dignidad desde ese lugar femenino]. Sí, también siento que los demás que me están mirando también sienten que soy una ridícula. También siento eso. [Katy sonríe de forma cómplice mientras ajusta su postura, manteniendo el tono ligero de la yegua]


Tomás: Claro. Cuéntale al toro cómo te hace sentir "ridícula".


Katy: Es que... qué lata que tenga que estar hablando y defendiéndome así. No tengo por qué exponerme. [Katy hace un gesto de desinterés con la mano y mueve el cuello con gracia] tú me tienes que respetar simplemente porque soy yo. Porque estoy en este lugar y no solo tú eres el importante aquí. Yo también tengo espacio aquí.


Tomás: Mmm.


Katy: Y puedo galopar así libremente, tranquilamente... danzando entre medio y no ser bruta como tú. [Katy mueve sus hombros de forma fluida, imitando un movimiento rítmico y elegante]


Tomás: Qué interesante. ¿Qué sientes al decirle esto al toro?


Katy: Se siente bien. Se siente: "Ah, yo también puedo hacer lo que quiero". Esta una parte muy infantil mía, muy extraña. [Katy ríe y se pasa la mano por el cabello de forma exagerada] es como si fuera de verdad una actuación, imitando a una niña o una mujer así muy infantil... no sé si infantil, pero muy superficial.


Tomás: Sí. Me fascina este personaje. Tiene mucha vida, es muy espontánea.


Katy: Sí, no le da vergüenza ser así. Siendo esto, no me da vergüenza ser femenina ni mover el pelo así... [Katy sacude su cabello con energía y mira a la cámara con una sonrisa traviesa] diciendo: "Mírenme todos, que yo me estoy defendiendo".


Tomás: Eso. ¿Puedes hacer un par de veces eso del pelo y que todos te miren, a ver cómo se siente?


Katy: [Katy exhala, se prepara y realiza el movimiento de nuevo con un aire de superioridad] ¡Uf! Hago esto y están todos y ese toro gigante ahí mirándome y pensando: "¿Qué diablos está haciendo?". Y todos los otros animales allá, y esos hombres... que miran y dicen: "¿Qué es eso que estamos viendo?". Absolutamente ridículo.


Tomás: Háblales a todos. A ver qué te dan ganas de decirles.


Katy: Me dan deseos de decirles... ¡Manada de animales! [Katy gesticula con amplitud, incluyendo a los observadores en su discurso] Incluyendo a los hombres. Son todos unos brutos. No tienen ni idea de nada. parece que ustedes solamente tienen fuerza y nada más. Hay muchas cosas más que la fuerza. Es importante la fuerza, pero no tanto. Son tan impulsivos y tan enérgicos que sólo quieren ir hacia adelante... y está bien, pero también existo yo. También existimos personas como yo y está bien también. [Katy habla con un tono firme pero suave, reivindicando su lugar] también nosotros tenemos derecho a la vida de ésta forma, más entretenida, más suave, más superficial... está bien también ser así. ¿Para qué tan grave y tan fuerte y todo eso?


Tomás: Sí, verdad. hasta sientes desprecio hacia ellos, ¿o no?


Katy: Sí, se hubiese vuelto un poco de desprecio. [Katy asiente con la cabeza, manteniendo una expresión de suficiencia]


Tomás: Desprécialos, desprécialos. Diles: "Ustedes son unos estúpidos de mala calidad", no sé, lo que te den ganas de decirles.


Katy: ¡Estúpidos! [Katy suelta una carcajada breve] Me dan ganas de decirles: "Y me voy de este establo tan patético". merezco un establo mil veces mejor. No voy a estar aquí. [Katy se acomoda la ropa y mira hacia otro lado con desdén]


Tomás: Sí, patético el establo. Diles todo lo patético que es.


Katy: Me carga que sea tan amplio, que no tenga un lugar exclusivo para mí. Porque tendría que tener un lugar exclusivo para mí. Que estén todos apiñados ahí... ¡no! Yo necesito algo mejor que eso. Podría tener uno más bonito, solo para mí. [Katy cierra los ojos y sonríe con satisfacción] Se siente bien pensar que solo va a ser para mí y no para todos ustedes. Y ustedes se van a quedar aquí, hacinados en este lugar.


Tomás: Se siente bien decir todas esas cosas, como si fuese la superficialidad máxima. Me encanta, es delicioso.


Katy: [Katy asiente, disfrutando la sensación] Sí, se siente muy bien. Pocas veces he sentido esto. Y es raro que lo sienta siendo una yegua. Pero se siente bien... se siente así... "¡Oh, qué bacán se siente poder ser esto!". Así tan... que todo me da lo mismo. [Katy hace un gesto con la mano restando importancia a todo] me doy cuenta...


Tomás: Mmm. [Tomás observa con una sonrisa, validando el proceso de Katy].


Katy: Me doy cuenta de que me parezco a un eneatipo 3, muy superficial. [Katy suelta una carcajada relajada, compartiendo un código de conocimiento con el grupo. Los demás ríen en sus recuadros].


Tomás: [Riendo] Sí.


Katy: Pero se siente bien... sentir que quizás puedo serlo y que me dé lo mismo serlo. Porque otras veces he sentido que si lo fuese, sería muy vergonzoso serlo. [Katy se acomoda el cabello, pero esta vez con naturalidad, no actuación]


Tomás: Sí.


Katy: Sí, entonces ahora se siente... se siente bien serlo. "Sí, si soy un tres, ¿y qué les importa a ustedes?". Una cosa así. [Katy levanta las manos en señal de "no sé" y sonríe con picardía].


Tomás: Ah, qué bonito. Me encanta.


Katy: Sí, muchas veces he sentido que quizás me pueden juzgar si es que soy así, si es que fuese ese número. Pero entonces ahora digo: "Sí, ¿y qué tanto?". que sí, y con mucho orgullo lo soy. [Katy proyecta el pecho y eleva el mentón, mostrando una postura de autoaceptación]


Tomás: Eso. Sí. Sí. Dale, te voy a invitar a que hagamos un experimento. Sigue sintiendo que eres la yegua, pero al mismo tiempo Katy. Imagina a Felipe frente a ti. A ver qué te dan ganas de hacer o decirle. [Tomás gesticula indicando el espacio frente a Katy].


Katy: [Katy se ríe suavemente y mira hacia el frente, visualizando a su marido] Oh, veo a Felipe y me dan deseos de dejar de ser así. [Katy baja un poco los hombros, suavizando la postura anterior].


Tomás: Ah, qué interesante.


Katy: Sí, siento que él me mira... me mira así: "Katy, ¿qué estás haciendo?". Un poco así: "Oh, ¿qué pasó aquí?". sorprendido.


Tomás: Eso, dale. Entonces imagínate que eres la yegua, a ver cómo la yegua le responde a Felipe con eso. Permítete lo que te salga. [Tomás abre las manos, invitando a la expresión espontánea].


Katy: [Katy se estira, arquea la espalda y mira a la cámara con una sonrisa de absoluta confianza] Me dan ganas de decirle: "Bueno, ¡aquí estoy! Esto es lo que hay. Y soy así, y también me gusta ser así". [Katy mueve el tronco de forma rítmica, bailando ligeramente en su asiento] "Bueno, y me gusta ser así, me gusta moverme así, me gusta hacer esto... ¿Y qué pasa si empiezo a ser así o si me empiezo a comportar de esta forma?". Me da lo mismo todo. ¿Para qué tengo que ser tan así... tan protocolar o tan fuerte o tan, no sé? hay que estar seria. ¡Qué entretenido es no estar seria y estar así toda...! [Katy lanza la cabeza hacia atrás, riendo] siento que esto está bien. Sentirme así. me siento… importante, pero yo me siento así muy cómoda en esta actuación. me siento muy femenina también en esta actuación.


Toro negro furioso con fuego en la nariz enfrenta a poni rosa tranquilo con una mariposa. Paisaje verde con cercas y flores.
Amé a los dos personajes del sueño de Katy. Tan vivos, vibrantes y libres en su potencia y libertad total.

Tomás: Sí.


Katy: Sí, me siento muy femenina y es bacán sentirse así. me gusta. me dan deseos de ir a comprarme ropa, cosas así. "Ah, me podría comprar otras cosas también, usar más colores". Es ocupar más espacio y no pasa nada. [Katy se toca los hombros y se estira hacia los lados, simbolizando la expansión de su espacio vital].


Tomás: Eso. ¿Y con qué cara te mira Felipe?


Katy: sorprendido... pero dudoso, yo creo. : "¿Qué va a pasar ahora que es así?". : "¿Qué va a pasar ahora si sale al mundo así?". [Katy ríe tímidamente, bajando la mirada un instante antes de volver a enfrentar la imagen de Felipe].


Tomás: Sí. Ya, dale. Busca otro asiento y sé tú ese Felipe. [Katy se levanta y trae otra silla al encuadre, moviéndose con agilidad] Ya. Dale, y sé Felipe. Mira a esta Katy, la yegua... que quizás nunca la habías visto mucho y no se había presentado siquiera. Cuéntale qué te pasa.


Katy (como Felipe): [Katy se sienta en la nueva silla, adopta una postura más relajada, cruza las piernas y apoya un brazo sobre el respaldo] Siento que sí la he visto así en algunos momentos. Es como si fuese más... incluso más infantil. Pero lo hace muy pocas veces. [Mira a su silla vacía, donde estaba "Katy-Yegua"] siento que esto lo haces pocas veces, pero yo lo he visto en ti. Igual es entretenido, está bien. tanto así, no creo que esté tan bien. Puede ser un rato, pero siento que igual estás muy sobreactuada. Estás muy sobreactuada. [Se ríe suavemente] yo sé que de repente te sale esto así con amigos de mucha confianza, de sentirte así... yo te veo que te sientes bien, cómoda y todo. Pero sé que lo haces cuando estás con mucha confianza. en muy pocos momentos. Pero está bien. Siento que es una parte tuya mucho más relajada. estás ahí tranquila. Es relajada, y es que nada denso, nada tan intelectual también. [Katy, manteniendo la postura de Felipe, inclina levemente la cabeza y sonríe con una mezcla de alivio y ternura] a veces anda hablando todo el rato de... me habla todo el rato de los tipos de caracteres que ahora sabe de bioenergética, entonces me compara, hace la comparación del eneagrama y la bioenergética y es... ¡ah! Yo no entiendo nada. Y ella está todo el rato en eso, en eso, en eso. Entonces ahora que no está en eso y está así... ¡ah! Solo existiendo y siendo ella, se siente mucho más liviana. La siento, te siento así... ¡oh, qué rico estar con una compañera así! Porque igual es bacán. [Katy exhala un suspiro profundo en su rol de Felipe, relajando los hombros y mostrando una expresión de mayor conexión emocional].


Tomás: Mira qué interesante. Cámbiate, vuelve a ser tú.


Katy: [Katy regresa a su asiento principal con un movimiento ágil, reflejando el cambio de energía] [Katy cierra los ojos y se lleva las manos a las mejillas, manteniendo una sonrisa suave] Me gusta que te guste. que bueno saber que a veces me paso rollos y cosas también respecto a nuestra relación y que bueno que... sí, que siempre siento que me apoyas, así que está bueno eso. Y que ser esto, esto así tan liviano, tan... tan así, que se siente bien también para ti, es... ¡oh, qué bacán que se siente bien! [Katy eleva las cejas y ensancha su sonrisa, denotando una liberación de tensión interna].


Tomás: Bien. ¿Qué significa ese "¡uf!"? un alivio, ¿no?.


Katy: [Katy asiente, soltando el aire con fuerza] Sí... es: "¡Oh! No pensé que me iba a dar cuenta de esto".


Tomás: Claro. Es que te asustas y te pones seria porque te imaginas que tienes que agradar la mirada de estos huasos brutos.


Katy: [Katy baja la mirada, volviendo a un tono más reflexivo y vulnerable] Sí, no... sí...


Tomás: Como si sintieras que la única forma de vida posible es vivir entre medio de los huasos brutos. Imagino que así sentías el escenario de tu infancia,en tu familia sí que eran brutos y gritaban harto.


Katy: [Katy asiente repetidamente mientras se muerde levemente el labio, confirmando la interpretación] Ajá. Sí.


Tomás: Y claro, en un escenario de brutos uno no puede ser un "My Little Pony", por decir así. [Tomás sonríe, usando la metáfora para ilustrar el contraste de energías].


Katy: [Se ríe con ganas, tapándose la cara por un instante] ¡Sí! Es que así me sentía, un "My Little Pony".


Tomás: Claro. Pero en cambio, Felipe no te ve así. Y con Felipe no viven en una "chacra de toros salvajes". Y a Felipe le gusta cómo tú eres. [Tomás enfatiza la diferencia entre el pasado traumático y el presente de apoyo]. Entonces, pareciera ser que una parte de ti creía que tenía que ser parte de este mundo bruto. Entonces eso te hace ponerte seria y sentir que tienes que ser más intelectual o algo así, ¿no? Pero en realidad así tenías que ser cuando niña, en tu escenario de infancia. ¿Tiene sentido esa interpretación?


Katy: [Katy mantiene los ojos cerrados y una postura muy quieta, asimilando las palabras] Sí, sí. siento que tengo que ser fuerte, imponente... andar así a la defensiva. Es claro, entonces eso me impide dar espacio a una parte mía más... relajada. a la que “no le importa”. Y se siente bien estar relajada. [Katy respira hondo y relaja visiblemente los músculos del cuello y los hombros].


Tomás: Bien. Maravilloso. Creo que este sueño ha traído su mensaje. [Tomás junta las manos en un gesto de cierre y respeto por el trabajo realizado].


Katy: Gracias, gracias, gracias. Sí, gracias Tomás. [Katy sonríe a la cámara, con una expresión de mayor claridad y ligereza].


Mis comentarios sobre el trabajo con el sueño de Katy


Lo que presenciamos en esta sesión es un proceso de reclamación de soberanía existencial. Para entenderlo, debemos mirar más allá de la superficie de las imágenes y observar cómo Katy moviliza su energía de un polo a otro.


El Toro: De la Amenaza al Aliado 


Habitualmente, cuando nos encontramos frente a cosas aterrorizantes en un sueño, nuestra tendencia natural es a escapar. En Gestalt, hacemos lo contrario: le pedimos al paciente que sea el monstruo. ¿Por qué hacemos esto? Por la sencilla razón de que todos los elementos del sueño son partes de nosotros mismos. Si tememos a cualquier personaje, evento u objeto de nuestro sueño, a lo que tememos es a una parte de nosotros. Y ya sabemos lo que nos sucede cuando rechazamos partes de nuestro ser: quedamos llenos de vacíos en nuestra personalidad. Como decía Perls, ahí donde debiera haber la capacidad de ser agresivo, no hay nada; ahí donde debiera haber la capacidad de ver, no hay ojos; ahí donde debiera haber capacidad de sentir, hay anestesia. Cada vez que rechazamos una parte de nosotros, entonces quedamos impedidos de adaptarnos para responder del modo más adecuado a cada situación en la vida. La terapia Gestalt se trata de recuperar todas nuestras partes para integrarlas y ser capaces de usarlas cuando es necesario para satisfacer nuestras necesidades.


La primera reacción de Katy ante el Toro, y también a todos los hombres del sueño, es tenerles miedo. Aquí, Katy nos muestra claramente cómo está rechazando algo de lo que esos hombres y el Toro representan, de modo que en algún punto durante el trabajo era ineludible pedirle a Katy que fuese el Toro. También podrían haber sido los hombres, pero en general es mejor no usar a los seres humanos si es que es posible, así que el Toro quedó agendado.


La primera escena del sueño es Katy sintiéndose feliz de pasear con su marido. Todo estaba bien, había un hermoso estado de felicidad y de paz. Pero de pronto aparecen todos esos hombres y el toro, que vienen a arruinar esa felicidad. Los sueños son lo que nosotros queremos que sean, son nuestras propias creaciones. Entonces, la pregunta que yo me hago en ese momento es: ¿Por qué Katy está atentando contra su propia felicidad? ¿Por qué no se permitió seguir teniendo ese sueño maravilloso en donde era feliz con su marido? ¿Por qué tenía que crear todos estos personajes masculinos brutos que la asustaban? Lo que más nos importa comprender en terapia Gestalt es cómo nos interrumpimos y saboteamos a nosotros mismos; el rol del terapeuta es ayudar a la persona a dejar de hacerse la vida imposible.


Durante el trabajo yo no tenía la respuesta a todas estas preguntas y la fui descubriendo poco a poco. Más tarde fui comprendiendo que su feminidad, proyectada en esa yegua mansa, estaba desprotegida frente a lo que ella percibía como una "fuerza masculina bruta" (los huasos y el toro). En su vida cotidiana, esto se traduce en una sensación de vulnerabilidad donde lo externo —las exigencias, el deber ser, lo "denso"— termina por humillar y silenciar su necesidad de liviandad y belleza. Probablemente, en su infancia sea posible encontrar bastantes escenas en donde “la fuerza bruta” no la dejaba ser todo lo femenina y delicada que ella era. No es que ella no sea fuerte, es que también es femenina y delicada. Nuestras experiencias difíciles de infancia nos obligan a elegir entre una parte de nosotros y otra… no podemos ser ambas. En Gestalt, lo que hacemos es resolver el conflicto entre las polaridades de nuestro ser para que todas tengan el espacio que necesitan.


Cuando Katy representó el suelo, evidentemente estaba tomando contacto con un aspecto de sí misma que se siente aplastado y pisoteado. Cuando le pedí que representara el suelo, mi hipótesis era que ella, para dejar de sentirse aplastada, iba a necesitar resolver este conflicto en un diálogo con el Toro —el principal aplastador de su sueño— y que toda la resolución del conflicto iba a girar en torno a la integración del poder. Sin embargo, cuando el suelo expresó sus sentimientos, no se quejó tanto de sentirse aplastado sino, y sobre todo, de estarse perdiendo la diversión; el suelo se quejó sobre todo de aburrimiento. Esto me hizo pensar que integrar el poder no era el tema central del sueño, sino que tenía que ser otra cosa. Fue este comentario lo que me hizo pensar que había que buscar a otro personaje.


Este suelo hablaba de una añoranza de disfrutar más… ¿y cuál de todos los personajes parecía disfrutar más? Presumiblemente, la Yegua que acompañaba a Katy. Así que dije para mí mismo: “Ok, primero conoceremos a la yegua y luego al toro, porque es evidente que el poder del Toro hay que integrarlo, pero antes quiero conocer a la yegua, que al parecer es la que más disfruta de la vida en este lugar en donde sólo parece tener cabida la seriedad, la dureza y la demostración de poder”.


Cuando representó a la yegua apareció la liviandad, la belleza, el brillo. Y mi primera impresión fue que esa forma de ser tan femenina iba a resultar chocante para los “machos del rancho”.


Luego, cuando ella encarna al Toro, sucedió lo que yo esperaba: al sentir sus músculos ensancharse y su respiración volverse ruda, Katy no solo representó a un animal; hizo suyo el Poder. Descubrió que esa fuerza avasalladora que tanto le aterraba afuera, en realidad habitaba dentro de ella. Fue hermoso ver a Katy llena de todo ese poder, se veía imponente y entera. Me fascinó sentir el desprecio del Toro por todos los demás. Decía una y otra vez que él era el más fuerte y que a todos los demás seres, especialmente a los debiluchos, los miraba con desprecio. Esta desvergüenza del Toro me pareció cósmicamente divina; muchas veces Katy me ha dicho que suele estar demasiado preocupada por los demás. En cambio, al toro nadie le importaba más que él mismo. Hermosa oportunidad de integración y de romper el mal hábito de considerar demasiado a los otros.


Cuando vi el desprecio del Toro hacia la Yegua, pensé que cuando iniciáramos el diálogo entre estos dos personajes, la yegua se iba a sentir aplastada y herida, y quizás aterrorizada a juzgar por el miedo que el Toro le daba a Katy. Pero ocurrió un giro totalmente inesperado para mí —estos giros inesperados no sólo son sorpresas en el trabajo, sino que suelen ser el momento mágico en donde sucede una transformación profunda—.


Cuando Katy volvió a ser la Yegua tras haber sido el Toro, su voz ya no era la misma. Ahora tenía una "columna vertebral". Pudo decir: "Me importa un bledo tu fuerza bruta" no desde la debilidad de quien huye, sino desde la autoridad de quien se sabe fuerte. Después de haber representado al Toro, Katy se llevó todo ese poder hacia la Yegua, quien usó todo este poder para defender su derecho a ser delicada, superficial y brillante. Aquí la "superficialidad" no es falta de contenido; es la libertad de disfrutar la estética y el placer sin pedir permiso. Gracias al Toro, Katy validó lo femenino en ella como algo poderoso y digno.

Este momento fue hermoso. Katy brillaba, no sólo con poder, sino también con belleza, delicadeza, inocencia y dulzura. Yo disfrutaba enormemente ver cómo ella misma se disfrutaba.


Es aquí donde se podía ver la integración de dos polaridades que habían estado disociadas. Por un lado estaba el Toro que, si bien tenía poder, carecía de flexibilidad, sensibilidad y capacidad de disfrute. Y, por otro lado, estaba el aspecto femenino en Katy, que aparecía como debilitado frente al poder y, por lo tanto, sintiendo cierta incapacidad de ser. Con esta polaridad disociada, la energía masculina es demasiado violenta, y la energía femenina da vergüenza tenerla, por lo que Katy sentía en su vida que tenía que ocultarla.


Mientras comentábamos el trabajo con el sueño, tuvimos este intercambio que quiero transcribir literal:


Katy: Yo por lo menos nunca había hecho un ejercicio así... últimamente había conectado harto con el miedo... Siento que quizás es algo que escondo mucho, como que está mal ser así... Entonces de repente me sale eso, pero lo hago con personas de mucha confianza y por un rato... pero acá sentí una liviandad en permitirme como que ¡no pasa nada!, no es nada incorrecto tampoco.


Tomás: Mmm... sí, yo también tuve esa sensación, como que apareció algo nuevo de verdad. Tuviste ese sueño porque ese aspecto tuyo está queriendo mostrarse. Tienes menos miedo. O sea, que puedas ver al toro y decir "estoy aterrorizada" es porque tu miedo ya está muy en la conciencia... y cuando algo está en la conciencia es porque en el fondo es menos amenazante. Uno es capaz de soñar también lo que es capaz de tolerar sentir y ver.


Katy: ¿Saben qué? El otro día tuve clase de bioenergética y nos hacían acariciarnos las manos... como si fuese una mariposa que va rozando las manos. Y después el rostro... y sentí algo que nunca había sentido, algo así como muy sensual, como ¡qué placeres! con eso de delicadeza... y sentía "oh, qué deseos de ser acariciada de esa forma".


Tomás: Claro que sí. Eso es. Eso está pudiendo empezar a aparecer en ti.


Katy: [Riendo] ¡Por fin!


La Transformación del Campo Relacional 


Siempre que ocurren integraciones profundas me gusta comprobar cómo esta transformación impactará en la vida cotidiana de la persona. Y debido a que el sueño comenzaba con Katy y su esposo, me pareció tremendamente atingente pedirle que lo trajera a él y probase su nuevo ser integrado en su relación con él. Este cambio interno tiene un impacto inmediato en cómo Katy percibe su relación con lo masculino, específicamente con su marido, Felipe. Y me permite concluir que están felizmente casados... ¡porque a él le gusta que ella sea así!


Esto permite a Katy darse cuenta que no es Felipe quién se opone a su feminidad, sino ella misma. Su primera reacción ante Felipe fue volver a perder su tamaño sentirse avergonzada. Y es muy posible que insconcientemente Katy culpe a Felipe de restringir su libertad. Sin embargo, al pedirle que se plante frente a su marido en contacto con su capacidad de ser como la yegua, acabamos descubriendo algo fantástico: A su marido le gusta que ella sea así y la apoya. Todo lo contrario a cómo fue el escenario de infancia de ella, que no apoyaba esta forma libre y femenina de ser. Por eso digo que están felizmente casados. Siempre que una pareja puede aceptar eso que nosotros no podemos tolerar de nosotros mismos, la relación acaba siendo reparadora.


Sugerirle a Katy que se plante frente a su marido con toda su libertad y expresión le va a ayudar a hacerlo en la vida real, a traer su sueño a la realidad. ¿No es eso lo que todos queremos? ¿Hacer realidad nuestros sueños? Lo más fantástico es que este sueño es posible de realizary nadie se opone a que ella lo haga... excepto ella, en caso que desee seguir saboteándose. Pero yo sé que no lo va a hacer, porque es una de las personas más interesadas que conozco en su propio crecimiento. Después de esto, se hará claro quién es el responsable de que este sueño no se haga realidad. ¡Sin duda no es Felipe! Hemos liberado a su esposo de ser el blanco de un presunto resentimiento de Katy. Digo "presunto" porque no estoy seguro que esto sea cierto, Katy tendrá que confirmármelo.


Cuando tomamos responsabilidad por lo que nos sucede, nuestras relaciones mejoran, porque en lugar de culpar a los otros, podemos regalarles nuestra bella presencia.


El Diagnóstico de la Energía 


Uno de los momentos más interesantes fue cuando discutimos por qué no elegí trabajar con el Jinete del Toro. Como les comentaba en clase, el jinete representa el control, la capacidad de dirigir la bestia. Pero el tema de Katy no era una falta de control; de hecho, Katy vive con un exceso de control y profundidad. Su "neurosis" era la incapacidad de ser leve.


Si yo la hubiera hecho ser el jinete, seguramente ella habría representado a un aspecto de sí misma que conoce bastante bien. Al elegir a la Yegua, la invité —sin que yo supiera a ciencia cierta hacia dónde íbamos— a entrar en la zona prohibida de su psique: el placer por el placer mismo. Como terapeutas, debemos aprender a leer no solo lo que el paciente dice, sino qué energía está "congelada". El único modo de descongelar lo que está congelado es explorando las zonas prohibidas. En ella, la energía del disfrute estaba bajo siete llaves.


El Cierre: La Sensualidad como Acto de Dignidad 


Katy cerró la discusión con una conexión preciosa que le dio sentido a todo el proceso:


Katy: "El otro día en clase de bioenergética nos hacían acariciarnos las manos como si fuéramos mariposas... y sentí algo que nunca había sentido, algo muy sensual, muy delicado. Tenía deseos de ser acariciada así."


Esa delicadeza de "mariposa" es la misma energía que la Yegua brillante de su sueño. El sueño fue el ensayo existencial que su alma necesitaba para decir: "Ya tengo la fuerza del Toro para protegerme, ahora por fin me doy permiso para ser suave".


Al final, este trabajo nos enseña que el camino hacia la integración no consiste en eliminar nuestras partes "brutas" o "superficiales", sino en ponerlas a trabajar juntas. El Toro no estaba ahí para asustarla; era el guardián de su feminidad que estaba esperando ser reclamado para que ella pudiera, por fin, florecer en su sensualidad. También nos muestra que el sueño no solo es una vía para resolver conflictos, sino un espacio de ensayo existencial. Katy pudo ensayar su derecho a la delicadeza, a la superficialidad estética y al placer frente a una audiencia que, lejos de juzgarla, celebró su brillo. La "superficialidad máxima" de la yegua no era más que la puerta de entrada a una profundidad mayor: la de su propia sensualidad recuperada.


P.D: Después de escribir este artículo se lo envié a Katy para que me diera el visto bueno y permiso para publicarlo. Esta fue su respuesta: “Me encantó Tomás, aún puedo sentir la ligereza del personaje de la Yegua. Me doy cuenta como he abusado del personaje del Toro, es agotador. Me encanta la energía de esa yegua, ama lo femenino, se siente cómoda con ello y le da lo mismo lo que opine el resto. Que relajo.”

¡Gracias Katy!



Una Invitación a Despertar: El Próximo Paso en tu Camino


Leer sobre el sueño de Katy, comprender la teoría de las polaridades y reconocer cómo nos amputamos a nosotros mismos es un hermoso primer paso. Pero, como siempre les digo a mis alumnos: saber por qué te ahogas no te enseña a nadar.


La verdadera alquimia ocurre en el cuerpo, en la experiencia directa, en el atreverse a bajar al sótano y encarnar eso que hemos rechazado.


Si has resonado con este articulo, si reconoces que tú también estás gastando demasiada energía vital peleando una guerra santa contra ti mismo y anhelas recuperar tu vitalidad, quiero invitarte a dar el salto de la teoría a la experiencia.


Para tu propio camino personal: He diseñado el Curso de Introducción a la Terapia Gestalt precisamente para esto. No es un curso de teorías abstractas; es un laboratorio existencial. Es un espacio guiado y seguro donde aprenderás, en primera persona, a desarmar tus juicios, a integrar tus propios "toros" y "yeguas", y a descongelar esa energía vital que te impide disfrutar de tu vida con plenitud y ligereza. Si quieres dejar de sobrevivir y empezar a vivir, este es el lugar para comenzar. Este curso de introducción también va a ser de interés para terapeutas que quieran añadir repertorio a su quehacer.


Para quienes sienten el llamado de acompañar a otros: Ahora bien, si ya vienes caminando este sendero, si eres psicólogo, terapeuta, coach, o simplemente sientes el llamado profundo de facilitar este nivel de transformación en otras personas, te invito a la Formación de Terapeutas Gestalt.



👉 Si quieres hacer la formación, escribeme directamente. Tenemos que tener una entrevista para conocernos.


 
 
 

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