• Tomás de la Fuente H.

Historias de Gestalt: Llenar los vacíos de la Personalidad

"¿A dónde se van esas formas de actuar, sentir y pensar que rechazamos en nosotros mismos? No queremos confesarnos a nosotros mismos lo que realmente somos ya que hemos aprendido a temernos. De este modo creamos vacíos en nuestra personalidad. Y como si esto no fuera poco, nos volvemos perseguidores de aquellas personas que muestran esas actitudes que rechazaríamos en nosotros."

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Vacíos en la Personalidad

Podemos entender la personalidad como el repertorio de formas de actuar, pensar y sentir de las que disponen las personas. Es un conjunto de herramientas con las que enfrentamos la vida. Mientras más herramientas tengamos, mayor será nuestra capacidad de responder de forma satisfactoria para nosotros y los demás frente a las situaciones con que la vida nos enfrenta. Por ejemplo, si tengo la capacidad de ser agresivo, cuando sea necesario podré defender mis puntos de vista, poner límites, etc. Si tengo la capacidad de ser suave, podré ser amable y tierno cuando sea necesario y así sucesivamente. No hay una forma correcta o incorrecta de ser, sino que en cada situación es posible actuar, pensar y sentir de forma más adecuada o menos adecuada a nuestras necesidades y a lo que la situación requiere.

Sin embargo, en la medida que nos enfrentamos a situaciones difíciles en la vida, vamos desechando algunos modos de ser ya que hemos tenido malas experiencias con ellos, o bien, imaginamos que si los usáramos podríamos pasarlo muy mal. Esto empobrece nuestra capacidad de enfrentarnos de forma satisfactoria y creativa a diversas situaciones.

Supongamos que de niño yo hubiese crecido en una familia en la que no estaban permitidas las expresiones de enojo. Cada vez que lo hacía, recibía juicios negativos y desaprobación. Es posible que en un contexto así yo hubiese decidido; “no expresaré mi enojo ya que si lo hago, entonces soy un niño malo. Debo ser bueno o nadie me va a querer.” Así, me convertí en un especialista en ser bueno, siempre comprendiendo a los demás, siempre siendo muy razonable y amable con todos. En la actualidad, será probable que en las situaciones que requieran comprender a otros, seré amable y razonable, funcionaré muy bien, sin embargo, cada vez que me veo enfrentado a una situación en la que se requiere agresividad –como poner límites y cuidar mi espacio, defender mis puntos de vista o decir “no”, etc.-, tendré problemas. Esto es a lo que en Gestalt llamamos un hueco o un vacío en la personalidad.

Existen muchos tipos de vacíos en la personalidad. Está quien no puede darse aprecio a sí mismo, quién no puede expresar sus sentimientos, quién no puede reconocer sus necesidades, quién no puede pedir, quién no puede permitirse un momento de debilidad, etc. Estos vacíos generan una gran cantidad de síntomas diversos –o sufrimiento- a través de los cuáles nos hacemos la vida miserable a nosotros mismos y a los demás.

Por ejemplo, quien no puede apreciarse a sí mismo, depende del aprecio que le den los demás y es posible que de no recibirlo, se vuelva agresivo y resentido con ellos al tiempo que tiene pavor de la soledad. Quién no puede permitirse la debilidad posiblemente tenga la necesidad de mantener todo bajo control volviéndose exigente y crítico con los demás para que “todo salga bien”, agotándose con los grandes esfuerzos que realiza para mantener su actuación de “fuerte” –no sería raro que además tuviese episodios depresivos cuando el agotamiento lo vence y síntomas ansiosos cuando las cosas amenazan con salirse de control-. Quién no puede expresar su enojo de modo asertivo posiblemente agreda de forma pasiva y experimente fuertes tensiones corporales generándose dolores musculares y de cabeza cada vez que se enoja, manipulando además a los otros con su actitud de víctima.

El Perseguidor Perseguido