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Despertar de la Consciencia y el Florecimiento del Corazón

¿Pensamientos Intrusivos y Obsesivos? La Confusión entre el Contenido del Pensamiento y la Realidad

Si sufres de pensamiento intrusivo o no, lo que sigue a continuación te servirá, porque todos padecemos el problema de creer que el contenido de nuestros pensamientos ES la realidad. Es más, es una de las CAUSAS PRINCIPALES del sufrimiento en TODAS las personas.


Hace un par de días, en el curso de meditación, tuvimos una conversación acerca de nuestra identificación con el pensamiento. La cual me llevó a recordar a las personas que han sido consultantes míos y que han sufrido mucho con pensamientos intrusivos, compulsivos y obsesivos. 


Cuando sufrimos de este modo con nuestros pensamientos -y debo decir que en estos casos el sufrimiento es realmente tremendo- lo que sucede es que surge un pensamiento de forma espontánea, como lo hacen TODOS los pensamientos, pero la persona reacciona con terror ante la posibilidad de ser el autor o la autora de ellos o que esas ideas o imágenes puedan convertirse en realidad. Es algo así como tomarse demasiado en serio lo que tu mente piensa.

Por ejemplo, la mente de alguien podría pensar cosas del tipo “¿Y qué tal si en realidad soy un pedófilo? ¿o si deseo matar a alguien?” o, mientras conversa con otra persona surge la imagen mental de verse a sí mismo enterrando un cuchillo en su ojo. Lo más curioso de todo es que estas personas no tienen ninguna intención de cometer ninguno de tales actos, pero les da terror la posibilidad de sentir el impulso de hacerlo y, peor aún, de realmente llegar a hacerlo.

Otro tipo de pensamiento intrusivo podría ser del tipo “si piso las líneas del suelo la casa de alguien podría incendiarse”, lo cual también crea una reacción muy intensa de miedo y el intento subsecuente de intentar no tener ese pensamiento. Estos pensamientos del tipo, “si hago tal cosa, sucederá tal otra”, son los que originan rituales obsesivos compulsivos, más conocidos como TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo)


Sea cual sea el pensamiento intrusivo que la persona experimenta, la reacción es la misma; pánico, seguido del intento de borrar ese pensamiento, ya sea controlandolo mentalmente o a través de un ritual obsesivo. 

El problema es que es absolutamente imposible eliminar un pensamiento controlándolo. A todos nos sucede que si nos dicen “No pienses en un elefante rosado”, de inmediato pensaremos en uno. Pero como no nos da miedo pensar en eso, no nos enganchamos con el elefante imaginario y rápidamente lo olvidamos. 

En el pensamiento obsesivo, la persona tiene terror profundo de pensarlo y que ese pensamiento le pertenezca o que sea real, y está todo el día diciéndose a sí misma “no debo pensar que… quiero matar a alguien, que mi casa se va a incendiar, que soy pedófilo, que los elefantes son rosados, etc.” Esto lo mantiene todo el día vigilando a su propia mente, para estar preparado para defenderse del pensamiento cuando aparezca y eso, justamente, es lo que lo hace pensar todo el día en eso. 

Se está diciendo a sí mismo, sin parar y presa del terror, “No debo pensar en elefantes rosados”. A algunas personas les pasa que esta espiral puede ir tan lejos que no pueden realizar sus tareas cotidianas porque su atención está completamente raptada por la vigilancia hacia el pensamiento enemigo. Y sufren de un estrés extremo y brutal.


Pero esto nos sucede a todos aunque no todos califiquen para el diagnóstico de TOC; la conversación que tuvimos ese día en clases fue acerca de cómo nos identificamos con nuestro pensamiento, de modo que esta una enseñanza que será útil para quienes tienen pensamiento intrusivo (y creo que es la única real cura al problema) y también será útil para quienes… bueno, en realidad, todos sufrimos de pensamiento intrusivo como verás a continuación. 


Mujer meditando en una tormenta, el sol asoma sobre el mar

Cecilia: Hola Tomás, me pasaron un montón de cosas en la meditación y quiero compartir una que me pareció graciosa. Estoy en un lugar donde está lloviendo muchísimo, hay mucho temporal y me senté al lado de dos ventanales. Comencé a meditar y sentía el ruido de la lluvia afuera, y me puse a imaginar que de pronto se rompía el vidrio, imaginé un montón de cosas, un montón de imágenes catastróficas. Seguí respirando, no me moví, mientras sentía en el cuerpo todo el miedo por lo que pudiera pasar. Por otro lado, sabía que nada iba a pasar, los ventanales están sellados, son seguros. Y observaba cómo mi mente siempre imaginaba la peor probabilidad que podía haber. Seguí respirando y la sensación de miedo se iba por un tiempo para nuevamente volver y así sucesivamente. Fue una lucha hermosa; descubrí que podía observar con mucha claridad los pensamientos y también las emociones que éstos generaban y cómo el cuerpo reaccionaba a todo esto.


Tomás: Interesante que digas que fue hermoso. ¿Qué fue lo que sentiste hermoso?


Cecilia: Observar todo pero no sentirme parte de eso. Estaba la emoción del miedo, pero yo no actuaba de acuerdo a ella. El miedo decía “hay que cerrar todo, me voy, me muevo, corto la meditación”, pero no, pude ver todo esto como desde afuera, observar los pensamientos y sentirme, pero desde afuera, no sé si se entiende.


Tomás: Se entiende perfecto. Hay una enseñanza de Bhagavan que a mi me encanta. El dice “Ver la mente es estar libre de la mente.” Eso fue lo que experimentaste. Cuando estamos identificados con la mente, y el contenido del pensamiento es miedo, entonces sentimos que nosotros tenemos miedo. Y podría ser peor; cuando la identificación es demasiado intensa con el proceso de pensar ni siquiera podemos decir “yo tengo miedo”, simplemente actuamos desesperados como si toda la historia que la mente inventa fuera totalmente real. 

Mientras más identificados estamos, menos distancia hay entre nosotros y ese contenido mental, y más intensa es nuestra experiencia de que la historia que esos pensamientos construyen ES la realidad. Y sufrimos, y nuestro cuerpo es torturado con esas emociones que las historias de la mente crea.  


Lo que suele suceder al meditar es que se rompe la identificación con la mente. Logramos observarla mientras tiene miedo, en lugar de creer que su historia es real. Vemos a la mente teniendo miedo, pero no sentimos que seamos nosotros quienes estamos asustados. Y no sólo eso, vemos a la mente teniendo miedo y creando sensaciones y emociones de miedo en el cuerpo, pero miramos desde fuera y nos sentimos muy tranquilos, aún cuando el cuerpo esté experimentando esas emociones.


¡Lo que me parece más fascinante de lo que dices es que fue hermoso! Para quién no ha tenido esa experiencia esa afirmación parecerá absurda. ¿Qué puede tener de hermoso sentirse asustado? No tiene nada de hermoso. 

Pero tú sabes que fue hermoso porque lo que ocurre cuando nos desidentificamos de la mente es que nos identificamos con una capa más profunda del Ser, nos identificamos con la consciencia o el Ser o el espíritu que para mí son todos sinónimos. Lo hermoso es estar libre de la mente y experimentar nuestra identidad original, reconocer nuestro verdadero rostro. 

Fuera de la mente, nos encontramos y reconocemos como este espacio de presencia, y es un espacio muy luminoso. No vayamos a creer que cuando esto ocurre hay experiencias muy espectaculares, pirotécnicas y llenas de fuegos artificiales y música celestial sonando en nuestro interior, no. La experiencia es muy, muy sencilla, pero al mismo tiempo profundamente hermosa y sanadora para el cuerpo y la mente, porque dejan de ser torturados por las películas que la mente inventa.


Y hay otra cosa que es hermosa; cuando uno no está identificado con la mente, es posible dejar que la mente sea como es. Para mí, este fenómeno significa que el espíritu está bendiciendo con su amor a la mente. Constantemente la mente está creando experiencias que nos perturban y al mismo tiempo la mente está intentando cambiarse a sí misma, es decir, rechazando las mismas experiencias y pensamientos que ha creado. Tiene unos tres o cuatro postdoctorados en el arte del autorechazo. Esto es una tortura.

Cuando se suspende la identificación con la mente, desaparece toda necesidad de que la mente sea diferente a cómo es, que nuestras emociones sean diferentes a cómo son, que nuestras sensaciones sean diferentes a cómo son y que nuestros pensamientos sean diferentes a cómo son. Esto es la verdadera libertad, la libertad de ser exactamente lo que somos y la libertad que experimentamos cuando ya no necesitamos controlar a nada ni a nadie. A esta libertad en sánscrito se le llama “Mukti”, liberación de la mente. 


La verdadera libertad no es hacer lo que la mente quiere, la verdadera libertad es no estar en conflicto con la mente. Para el ego -o la mente- la libertad es “soy libre si hago lo que quiero”, pero para el Ser, la libertad es no estar identificado con la mente. No tiene que pasar nada en tu vida para que seas libre, lo único que tiene que pasar es que no estés atrapado en los contenidos de tu mente. ¿Es algo así lo que experimentaste?


Cecilia: Sí. La verdad que sí. 


Tomás: Es hermoso porque cuando dejamos ser a la mente, en realidad a lo que estamos dejando ser es a la vida. Nuestra mente es parte de la vida, es un ser que se asusta, que se alegra, se entristece, se enoja. Y cuando no estamos identificados con la mente, ¡al fin la podemos dejar ser!

Si se asusta, la miramos, nada más, no sentimos ninguna necesidad de controlar sus reacciones. Porque vemos que el miedo lo tiene ella y no nosotros. Ahora se puede asustar todo lo que necesita y así la dejamos al fin vivir. Podemos convivir todos en el espacio. Todos pueden tener un lugar en la consciencia. Ya no hay enemigos que eliminar. La violencia es cuando sólo algunos pueden tener espacio y a otros hay que eliminarlo y hacerlos desaparecer. Cuando nos desidentificamos de la mente y la dejamos ser estamos en paz, y ésta es la verdadera Paz, que todos puedan ser tal cual como son y tengan un lugar digno para existir.


Creemos que nuestra mente tiene que cambiar. Esto significa que la mente cree que tiene que cambiar -las creencias son pensamientos-. Y la mente no va a cambiar nunca, siempre va a ser la misma, lo que cambia con el crecimiento psicoespiritual es con qué o quién nos identificamos. Lo único que puede cambiar es tu percepción de quién o qué eres.

La mente está diseñada para resolver problemas y enfrentar el peligro, por eso siempre va a tener miedo -y es necesario que así sea, su función -entre otras- es ayudarnos a mantener al cuerpo vivo en el mundo físico y el miedo tiene una función muy importante en este sentido-. Pero que la mente no pueda cambiar no significa que vamos a vivir atados al miedo o la rabia o cualquier emoción que ella genere para toda la eternidad. Solo es necesario que comprendamos que no somos la mente y que cuando ella piensa, no somos nosotros quienes lo hacemos. No es necesario que la mente cambie. 


Priscila: He estado en este lugar ruidoso durante la meditación, estoy en un casino. hay mucho ruido, de personas, la tormenta, los muchos ventanales que hay aquí, todo el ruido de este octavo piso, y me sucedió que también mi mente inventaba películas sobre la tormenta y los vidrios. Y de pronto lograba volver a la respiración y también me resultó muy divertido. Mi cabeza iba de la película de terror a la bossa nova del casino y luego a la respiración y después a algunas preocupaciones sobre el futuro. Fue increíble hacer la meditación con tantas distracciones alrededor porque ¡logré calma!. Esa calma que busco en el silencio, lo logré con un montón de ruido. Estoy muy contenta. Primera vez en la vida que hago una meditación con tanto ruido. Una pregunta, cuando tú hablas de texturas de los pensamientos ¿a qué te refieres exactamente? 


Tomás: Percibir la textura de los fenómenos mentales ayuda a desidentificarse de ellos. Todos los fenómenos del universo tienen diferentes texturas porque todo es un campo vibracional. La materia está hecha de átomos y éstos son ondas, es decir, vibración. Y todo tiene texturas diferentes según cómo están organizadas sus ondulaciones. 

Por ejemplo, hay piedras que cuando uno las toca se sienten como algo sólido, tenemos los líquidos que tienen otra textura diferente a las piedras y así sucesivamente. 


Priscila: ¿Es como cuando tengo un sentimiento “denso” y otro más fluído? ¿Es eso?


Tomás: Exactamente, no sólo las cosas de la dimensión física que se puede percibir con los cinco sentidos están vibrando y sus vibraciones tienen diferentes texturas, también las emociones y pensamientos son objetos que tienen una frecuencia vibratoria específica. De hecho, la frecuencia vibratoria del pensamiento se puede medir con un electroencefalograma. Todo, absolutamente todo lo que existe es una onda vibratoria y lo que diferencia a unas cosas de otras es su patrón vibratorio. 


Cuando prestamos atención a las texturas de las cosas, estamos percibiendo su dimensión externa. Todas las cosas que existen tienen al menos dos dimensiones, la externa y la interna. La dimensión interna de un pensamiento son sus contenidos, por ejemplo, la idea “el día es hermoso”. Pero si mido con un electroencefalograma la actividad eléctrica al momento de pensar eso, no veré en ninguna parte ese contenido, sólo mediré frecuencias vibratorias. Estas frecuencias vibratorias son el lado externo del pensamiento, es su dimensión material. El contenido del pensamiento en cambio es su dimensión interna o subjetiva, sólo observable desde la consciencia, no se puede medir con instrumentos ni observar con los cinco sentidos. 

Los cinco sentidos y sus extensiones como, por ejemplo, un electroencefalograma, sirven para mirar el aspecto externo de las cosas. Los sentidos físicos perciben patrones vibracionales y luego el cerebro interpreta estos patrones. Así damos forma a la realidad física y podemos “entenderla” y operar en ella. 

La consciencia subjetiva sirve para mirar el aspecto interno de todas las cosas, y gracias a ella tenemos vivencias y experiencias que no pueden “verse” desde afuera. Desde fuera no podemos saber cómo se siente subjetivamente una emoción, una sensación corporal, un pensamiento o el estado vibratorio de nuestra alma. 

Hay quienes dicen que no existe ninguna cosa en el universo que no tenga estas dos dimensiones, al parecer incluso las piedras tienen consciencia subjetiva. Algunos físicos afirman que han descubierto que de algún modo unos átomos pueden sentir a otros átomos de forma subjetiva. De modo que, desde los átomos hasta los seres humanos, tenemos estas dos dimensiones, la externa e interna. 


Entonces, cuando miras a tus pensamientos desde adentro, experimentas su contenido, “el día es hermoso” y, si los observas desde afuera, vas a percibir su patrón vibracional, es decir, una textura que se podrá sentir como algo suave, duro, rugoso, puntilludo, etc., y que al mismo tiempo podrías medir con un electroencefalograma. Este ejercicio de observar la textura del pensamiento es mirarlo desde la perspectiva de los cinco sentidos físicos, puedes intentar percibir el color del pensamiento, la textura, el sabor, el olor o el tipo de sonido que parece emitir. Y así podrás percibir su patrón vibratorio.

 

Cuando miramos la dimensión vibracional de los fenómenos “internos”, empezamos a verlos como objetos que están ahí fuera. y vemos que entre la piedra que está a tus pies y el pensamiento que revolotea en tu mente, no hay ninguna diferencia, son simplemente cosas que están fuera de tí. Te percibes como alguien que mira desde cierta distancia todas las cosas. Sólo son cosas, el piso, una piedra, una emoción, un pensamiento, tus intenciones, todo, absolutamente todo lo percibes como objetos físicos. 

Y cuando vemos al pensamiento de este modo ocurre algo maravilloso. Su contenido deja de tener poder sobre nosotros. Si el pensamiento dice que el día es hermoso, no nos alegra ni nos entristece, si el pensamiento dice que somos las personas más horribles del universo, lo vemos del mismo modo en que vemos el cuadro de un artista en una galería de arte. No tiene nada que ver con nosotros y contemplamos los fenómenos suceder desde la paz más profunda, porque vemos perfectamente que el contenido del pensamiento no tiene ninguna relación con quienes somos nosotros o con cómo es la realidad. 

Si el pensamiento dice “el mundo se va a acabar” nosotros lo miramos y al mismo tiempo percibimos que estamos existiendo y que nada se está acabando, si el pensamiento dice “soy el mejor del mundo” miramos a nuestra personalidad exaltada como a un personaje representando su papel en una obra de teatro y nosotros tomamos palco mientras comemos palomitas de maíz muy serenos y tranquilos. 


Cuando esto sucede se ha abierto una puerta hacia el ser. Porque ahora vemos que no somos nuestra personalidad, nuestros pensamientos, nuestras emociones ni nada de eso. Nos reconocemos como un observador vacío de sustancia al cual ningún fenómeno lo puede afectar. Porque para ser afectado por un fenómeno habría que ser un campo vibracional que puede interactuar con otros campos. Pero este observador no es un campo vibracional, es eso que es testigo de los campos vibracionales sucediendo ahí fuera. A este observador le han llamado algunos sabios “El Testigo”. Y este testigo es el mismo silencio con el que trabajamos en nuestras meditaciones, pero que ahora experimentamos en primera persona, nos experimentamos a nosotros como silencio. 


on ojo obervando todos los pensamientos y a un hombre sentado. El Testigo sin forma contemplando la realidad, libre del sufrimiento

Y quiero recordarles que para mi, silencio, es igual a espíritu y espíritu es igual a amor. Por supuesto que son conceptos diferentes, pero cuando tenemos esta experiencia nos damos cuenta que vivencialmente son todas la misma cosa. Aquí hemos llegado muy profundo al núcleo de lo que somos. No de quiénes somos -los quienes son personalidades-, sino qué somos. Somos eso, ese testigo que no tiene forma, nombre, sexo, edad, sabor ni textura. Ese testigo que está más allá del mundo físico y del cual emana la luz resplandeciente que nutre a todo el universo y lo pone en marcha. Porque el universo gira en torno a la fuerza del amor, todo el universo está enamorado del amor y el amor es el verdadero dueño, protector y constructor de todo. 


Ahora, si no nos funciona que la desidentificación suceda mirando las texturas de las cosas, no hay problema, hay miles de puertas para llegar ahí y las iremos practicando durante el curso. ¡No nos obsesionemos con esto!


¿Se entendió? ¿Fue enredada la explicación?


Priscila: Se entendió. Que interesante mirar los pensamientos como objetos porque así no me involucro tanto.


Tomás: Claro, porque ahora estás viendo a la mente como un objeto y no como lo que eres tú. 


Priscila: Así lo sentí ahora. No me comprometo, no. Allá tú y aquí yo. 


Tomás: Tal cual, se produce una separación, dejo de interpretar que soy yo el que está pensando, ese pensamiento que observo no tiene nada que ver conmigo, es sólo una cosa que está ahí, es sólo la mente pensando, no soy yo. El contenido no nos afecta, entonces ya no puede gatillar miedo o pánico. En este punto el pensamiento ya no se puede entrometer con nuestra existencia, convivimos pacíficamente con él, ya no le tenemos miedo a sus historias. Y estoy seguro que ésta es la verdadera cura para quienes padecen de pensamientos intrusivos y obsesivos... o sea, todos en realidad.


Confundimos el contenido de los pensamientos con la realidad, por eso nos afectan tanto. La realidad y el contenido de los pensamientos son cosas completamente diferentes. Si decimos “soy feo” creemos que efectivamente así es nuestro SER y que es una realidad. Y “soy feo” no es más que una historia de la mente, no es diferente al mito de Santa Claus. “Soy lindo”, es lo mismo, sólo otra historia más. 


La realidad es un campo vibracional infinito y resplandeciente. Y nosotros somos ese campo infinito. 


Mientras más sostenemos nuestra práctica en el tiempo, más obvio se nos hace que el contenido del pensamiento no es la realidad. Nuestras emociones se equilibran, porque lo que hace que nuestras emociones estén todo el tiempo funcionando como un torbellino es que creemos que todo los contenidos del pensamiento son la realidad. Y basta con sentarse a meditar sólo una semana para darse cuenta que la mente piensa las cosas más horribles, alarmantes y avergonzantes que hay. Si dejamos de creer en sus historias, podemos disfrutar de un cuerpo emocional más saludable, menos poseído por películas de acción, terror, romance o lo que sea que nuestros pensamientos construyen. 


Y si nos reconocemos como el testigo resplandeciente, nuestras emociones comienzan a teñirse de la textura y el sabor del espíritu, de nuestro verdadero rostro, el amor sin causa.

El universo es amor, planetas, estrellas y un gran corazón al centro del universo

 

Si quieres aprender a meditar y hacerte menos líos con tus pensamientos y emociones, puedes unirte al Poder del Silencio. Toda la información sobre el curso la encuentras pinchando el botón azul. Si tienes preguntas puedes escribirme a ideasquesanan@gmail.com



Si quieres saber más sobre mí y mi trabajo, mi canal de youtube y mi podcast en spotify, visita mi pagina web.



Tomás de la Fuente, Psicólogo, Terapeuta Gestalt, Ideasquesanan


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