• Tomás de la Fuente H.

La Atención y la "Intuición" del Terapeuta en Terapia Gestalt


Para acompañar en su proceso a un cliente es necesario llevar la capacidad de escuchar mucho más allá de la comprensión intelectual. Cuando alguien nos relata sus dificultades, debemos comprender que en cada gesto, movimiento, entonación, pausa, mirada, la forma de estar presente y miles de otros sutiles fenómenos, son el contexto que permite comprender el verdadero significado de lo que a alguien le sucede. El contenido verbal, por sí solo, carece de significado.

Fritz Perls decía que el neurótico ha perdido su capacidad de percibir lo que es obvio, la cual ha sustituido por la eterna elaboración intelectual que está al servicio de distraer la atención de sí mismo y de los otros de lo que le sucede en el aquí y ahora. Hace algunos años tuve la ocasión de ver trabajar a Gracia Ceccini, una excelente terapeuta Gestáltica Italiana. Quedé sorprendido por la intensidad y profundidad a la que llevaba a las personas en cuestión de pocos minutos. Más tarde me acerqué a ella y le pregunté cómo lo hacía para hacer ese trabajo. Me miró y se rió, como si dijera, “es tan fácil que resulta divertido decirlo”, y me dijo “veo y escucho, observo lo que es obvio, eso es todo.”

Cuando escucho a alguien en el contexto terapéutico mantengo la mitad de mi atención en el contenido verbal y el resto de mi atención está en el aquí y ahora enfocada en:


1. Mi propio cuerpo.

2. En percibir con mis sentidos a la otra persona.

3. Las impresiones que mis sensaciones corporales combinadas con mis percepciones sensoriales generan a nivel de imágenes mentales.


El cuerpo del Terapeuta

Con el tiempo, he descubierto que prácticamente cualquier estado emocional que esté experimentando mi consultante, también lo percibo en mi cuerpo. La persona, desde el contenido verbal, se refiere a diversas experiencias, emociones y sentimientos que ha experimentado o que podría llegar a experimentar, pero lo que nos interesa en Gestalt es lo que siente aquí y ahora. No es raro que la persona en su discurso hablado, no se refiera ni una sola vez a lo que siente en el aquí y ahora inmediato. Esto suele confundir mucho a los terapeutas, quienes intentan descifrar los significados más profundos en el discurso del consultante sin éxito, ya que no es posible comprender nada hasta que descubrimos cuál es la experiencia de la persona en el aquí y ahora. Lo que la persona siente en el presente es el contexto que da significado a todo su discurso.

Con la experiencia he aprendido a distinguir las sensaciones corporales que se originan en mi propia persona, de aquellas que surgen debido a la sintonía que sucede entre mi cuerpo y el del consultante. Al mantener la atención en mi cuerpo, me resulta sencillo ayudar al consultante a descubrir lo que realmente siente. Nuestro cuerpo es como un espejo que refleja todo lo que sucede en el cuerpo del otro, constantemente. La mayor parte del tiempo atribuimos todo lo que sucede en nuestro cuerpo a algo que se origina “dentro de nosotros”, pero la verdad es que gran parte de nuestras sensaciones corporales no son más que el reflejo exacto de lo que sucede en el cuerpo del otro. Me he sorprendido muchas veces describiéndole a la otra persona con mucha precisión lo que está sintiendo en su cuerpo haciendo el sencillo ejercicio de describirle lo que sucede en el mío mientras lo/la escucho (Incluso este fenómeno sucede sin la necesidad de estar cerca de la otra persona, incluso sin verla, fenómeno que he podido comprobar una y otra vez haciendo sesiones de psicoterapia por Skype).

En muchas ocasiones he podido decir en qué lugar de su cuerpo siente su tristeza o su ansiedad o lo que sea que está sintiendo. Y resulta ser una herramienta tremendamente útil reflejar de este modo a la otra persona lo que siente, pues con mucha frecuencia, las personas no se dan cuenta de lo que sucede en su cuerpo y este es uno de los principales motivos que no logremos comprender ni resolver muchos de los problemas que nos suceden.

La sintonía sucede de forma automática, no es necesario desarrollar ninguna habilidad especial para que nuestro cuerpo refleje las sensaciones del otro. Sí se requiere desarrollar la capacidad de distinguir las sensaciones corporales y aprender a discernir cuál es la fuente de las sensaciones.


Ver y Escuchar con Toda la Atención

Además de sentir mi propio cuerpo, uso con toda la energía de mi atención mis ojos y mis oídos. Es decir, miro a la persona y siento el tono de su voz, no sólo atiendo al contenido de sus palabras.

Cuando alguien se toma tiempo para decir cosas que no son relevantes, me abstraigo del discurso hablado y me enfoco completamente en sentir su voz y observarlo. Dejar de escuchar todo lo que alguien dice y centrarse en ver lo que hace, sus expresiones, sus ojos, los gestos que hace, la forma en que se sienta, etc., con frecuencia tiene mucho más valor terapéutico que intentar descifrar todos sus desvaríos intelectuales.

Cuando observamos a alguien de este modo, podemos descubrir cuál es su actitud frente a la vida, cómo se relaciona consigo misma y con otros, cuáles son sus decisiones neuróticas, etc. Una gran cantidad de información que nunca se vuelve explicita en el discurso verbal y que con frecuencia es la causa de toda su sintomatología.

De modo que me inclino hacia atrás en mi sillón, para sentarme lo más cómodamente posible y comienzo a observar atentamente el rostro del otro mientras me habla. De niño, disfrutaba mucho mirar revistas y observar las expresiones faciales de las personas en las fotografías. Me tomaba mucho tiempo, tratando de imaginar qué era lo que querían decir con esa expresión facial y la actitud corporal. Al hacerlo, no sólo los observaba, sino que experimentaba una gran cantidad de sensaciones y sentimientos. En la terapia hago el mismo ejercicio. Observo al tiempo que intento descifrar qué es lo que dicen esos ojos, esa boca, ese gesto sutil, casi imperceptible. Cuando capto algo con suficiente claridad, se lo comunico a la persona y entonces comenzamos a hacer descubrimientos realmente relevantes, la persona de pronto descubre que se siente escuchada, que logré captar lo que realmente le sucede, algo que no sabía de si misma, pero con lo que había estado viviendo toda su vida sin darse cuenta. Y yo no hice nada más que observar lo más obvio. No interpreto, simplemente digo en voz alta lo que veo frente a mis ojos (y mis oídos).

En terapia Gestalt no hacemos suposiciones ni interpretaciones, solo describimos lo que percibimos en el aquí y ahora. Cualquiera puede aprender a ver lo obvio y describirlo. Cualquiera puede convertirse en un gran terapeuta Gestáltico.


Las Imágenes Mentales Complejas o... Intuición

Nunca he sido partidario del concepto de intuición, ya que alude a una especie de conocimiento que recibimos de forma misteriosa e inexplicable. Desde mi punto de vista, es algo que se puede explicar y no es en absoluto un misterio difícil de comprender. Todos pueden desarrollar una intuición muy aguda si saben dónde se debe enfocar la atención.

Si atendemos a nuestras sensaciones corporales, si vemos lo que está frente a nuestros ojos y usamos todos nuestros canales sensoriales para percibir el fenómeno que tenemos frente a nosotros, de forma espontánea comienzan a formarse impresiones complejas (para mí suelen tener forma de imágenes mentales) que integran toda esa información de forma creativa y muy precisa. Repito, es un proceso espontáneo, simplemente sucede. Si uno está atento a eso, no tiene más que ponerle atención y luego puede usar esa información de un modo que le resulte útil al consultante.

Entonces, para escuchar realmente al otro, necesitamos ver, escuchar, oler, sentir y pensar. Usamos toda nuestra capacidad para percibir al otro. Luego, en lugar de hacer un esfuerzo intelectual, dejamos que toda esa información vaya quedando dentro nuestro por un tiempo hasta que llega un punto en el cual, de forma natural, se integra de formas creativas y complejas que permiten que tenga lugar un poderoso darse cuenta.

Hace años que ya no hago casi ningún esfuerzo por comprender a mis consultantes. Simplemente espero hasta que la comprensión surja dentro de mí. No hay esfuerzo, es un proceso espontáneo y hermoso. Mi atención está enfocada en recibir todas las impresiones posibles, a través de mis sensaciones corporales, mis ojos, mis oídos, el gusto, el tacto, etc. y de pronto ¡Pum! ¡Eureka! surje en mi una imagen que muestra aspectos de la experiencia del otro que era necesario descubrir.

Un hombre exitoso en su trabajo, reconocido y respetado, aparece dentro de mi mente como un niño pequeño, débil y humillado por sus compañeros de colegio, una mujer crítica y obsesiva, aparece dentro de mi mente como un monstruo que quiere chupar toda mi energía, una mujer aparentemente cálida y amorosa, aparece dentro de mi mente como una reina fría y tirana a quién no le importan sus propios sentimientos. Y si pongo más atención a estas imágenes, luego descubro que hay más información... puedo dejar que todas las percepciones que he acumulado vayan creando historias de estos personajes. Entonces descubro que la reina fría tiene una historia; le rompieron el corazón y esclavizaron a su padre. O el monstruo que quiere chupar mi energía está lleno de ira y deseos de venganza por la ofensas que recibió de las personas del pueblo en el que vivía. Utilizo toda esta información, y de un modo que pueda ser beneficiosa para mi consultante, se la comunico en el momento que sea oportuno o la utilizo durante algún ejercicio terapéutico.

Es muy fácil hacer esto, cualquiera puede hacerlo. En los cursos de formación de terapeutas suelo sorprenderme de la cantidad de información relevante que los estudiantes (muchos de ellos sin tener ninguna experiencia como terapeutas) pueden obtener del otro con solo mirarlo a los ojos durante 10 minutos en silencio. Una de las cosas que más me ha sorprendido, es que estas impresiones pueden formarse en la primera sesión. Y en muchas ocasiones, meses más tarde, descubrimos, junto con mi consultante, que esas imágenes apuntan a aspectos centrales de su conflicto y que permiten descubrir el camino hacia la resolución.


#GestaltTranspersonal #Articulos #formaciónterapeutas

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Escritor de Ideas Que Sanan. Terapeuta, Formador de Terapeutas, Psicólogo, Meditador, Músico.

Providencia, Santiago, Chile